Opinión | Aquí una opinión
Un imprescindible servicio hospitalario
Un servicio que no está cubierto a nivel sanitario pero que humaniza el tiempo de espera y la incertidumbre originada por la enfermedad. Porque, ciertas sensaciones, son demasiado intensas como para soportarlas a solas.

Fachada del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria. / E. D.
Circulando por los pasillos de nuestros hospitales públicos entiendes lo diferente que puede ser la vida a la que transcurre en su exterior.
Aquí se mezcla un personal apresurado, algunos parecen emular las carrerillas de un saltador olímpico contra la demora en el andar de familiares de algún paciente en un intento de lucha contra la incertidumbre de las circunstancias. Estos son lugares a los que conceder al silencio el mérito que posee o romperlo, con furia, bajo un impacto emocional. En lo bueno o en lo malo, los acontecimientos en forma de noticias esperanzadoras o angustiosos diagnósticos llegan convirtiéndonos en un alguien diferente del que, en esa mañana, amanecimos.
Bajo ese cielo de diferentes emociones cubriendo un tránsito humano que en los últimos años se ha incrementado hasta, parecer, desbordar el sistema, circula un carrito de pequeñas proporciones pero de una inmensa utilidad: es el servicio de apoyo a pacientes oncológicos en tratamiento en hospitales de día y en consultas que la Asociación Española Contra el Cáncer mantiene desde noviembre de 1994. Inicialmente en el Hospital Universitario de Canarias y en el Hospital Universitario de La Candelaria pero, desde el pasado verano, también en el Hospital del Sur.
Un servicio que no está cubierto a nivel sanitario pero que humaniza el tiempo de espera y la incertidumbre originada por la enfermedad. Porque, ciertas sensaciones, son demasiado intensas como para soportarlas a solas. Y al voluntariado no le suena lejana ninguna pena y sabe, muchos por experiencia propia, de las conexiones amables de las palabras y del roce amistoso de las manos.
Desde dicho medio de transporte, las voluntarias de esta asociación reparten, entre pacientes y familiares su solidaridad y compañía en forma de infusiones, galletas, caramelos y mucha, muchísima cercanía al tiempo que informan y ofrecen los programas que la Asociación Española Contra el Cáncer mantiene fuera y dentro de estos recintos hospitalarios en las áreas de Psicología, Ayudas Sociales y Fisioterapia y que abarca a toda la provincia.
Un paréntesis en el tratamiento, en la espera, con personas muy dispuestas a animar, en el mejor sentido de la palabra, a los que, en ese momento, sienten inquietud por haber perdido, aunque sea con buenas perspectivas, la bendita cotidianidad que eran sus vidas. Un lugar donde se mezcla los que conocen tal experiencia con otras personas, sencillas, a las que, sin muchas explicaciones, han derivado desde su ambulatorio a una consulta de oncología. Porque, aunque, en ambos casos y por el paso gigantesco que la Medicina ha dado, ya se le pueda enfrentar sin algunos de los temores de antaño y por su nombre, gracias, en gran parte a la calidad profesional de quienes lo tratan, el tener el afecto de una sonrisa que te ofrece su buena voluntad en forma de un café y palabras mientras se aguarda la consulta médica o se espera a recibir el tratamiento, puede significar un bienvenido respiro de cercanía y apoyo.
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