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Opinión

Memocracia

Apertura de la XV Legislatura

Apertura de la XV Legislatura / chema Moya

La soberanía del pueblo español reside en las Cortes Generales. O sea, que es absolutamente legítimo que una mayoría de esa representación apruebe o cambie las leyes del país. Aunque sean normas tan cretinas -o cínicas- como ponerle impuestos extraordinarios a los bancos para que los paguen los ciudadanos con mayores comisiones, intereses o gastos bancarios.

Si el actual desgobierno, apoyado en una mayoría parlamentaria suficiente, logra un día aprobar en el Congreso la independencia fiscal de Cataluña, lo mismo que aprobó la amnistía, será plenamente democrático. Nada que objetar.

Lo que pasa es que en política, como en todo en la vida, debe operar el sentido común. Cuando existen dos grandes bloques antagónicos resulta conveniente que algunas cuestiones de calado estructural, que afectan a la estabilidad de las instituciones y la democracia, se negocien en la búsqueda de un mínimo consenso. Porque si no podríamos entrar en un péndulo de legitimidades: cuando las derechas tengan las mayorías procederán a reformar o cambiar las leyes que hicieron las izquierdas. Y cuando las izquierdas sean mayoría harán exactamente igual. Con lo que la vida del país sería un ir y venir del tingo al tango y del tango al tingo. A modo de ejemplo ahí está el fracaso del sistema educativo español, donde cada gobierno ha sacado adelante su propia ley, reformando las anteriores, de tal manera que no hay dos generaciones de jóvenes, jóvenas y jóvenos que haya estudiado con un mismo sistema.

La derecha está dando alaridos porque se rompe España, porque la sanchosfera quiere entregar el poder a los independentistas para seguir en el poder. Y los catalanes, por cierto, no se cortan en demostrar que tienen agarrado al presidente del Gobierno por una zona muy sensible.

Lo que está ocurriendo hoy es una victoria del independentismo. Sin duda. Pero es una victoria democrática. Esta vez no van dando tiros en el cogote de la gente. Y no incendian las calles, paralizan las autopistas y colapsan los aeropuertos. Lo hacen con la fuerza de sus votos y con la debilidad electoral del socialismo español, subordinado como jamás en su historia a los intereses políticos de su líder, que para seguir flotando va entregando cada vez más y más trozos del barco. Un día descubrirá que, entregado el Estado, se ha quedado nadando en pelotas en el agua. Pero ya será tarde.

Este atormentado año que va a comenzar podría ser el de los grandes cambios. O se desploma el Gobierno o consigue las mayorías suficientes para sobrevivir, lo que será a costa de cambiar el modelo de Estado por la puerta de atrás. País Vasco y Navarra ya son independientes. Ahora lo va a conseguir Cataluña, a dentelladas. ¿ Y por qué? Pues porque las derechas e izquierdas nacionalistas están unidas por un mismo fin -independencia über aller- mientras que las derechas e izquierdas españolas se odian sin remedio.

A los territorios que han vivido de la generosidad de los ricos se les van los ricos. La solidaridad se acaba en la memocracia española. Y lo hace la izquierda ¡Chúpate esa!

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