Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Notas del Móvil

En medio del ‘burnout’, parar se vuelve radical

El síndrome del «burnout»

El síndrome del «burnout» / El Día

Nos levantamos, trabajamos, producimos y dormimos. Alarma a las siete, despertarse de golpe, deberías comer algo, no tienes hambre, no hay agua caliente, qué te pones hoy, no llegas a tiempo, sales corriendo...

Medir el día en cafés, en ratitos de descanso, en horas registradas en el móvil, mensajes de wassap y correos ‘urgentes’. Se hace de noche, llegamos a casa, abrimos Tiktok: ‘Cómo emprender en tus 20’s: si no eres millonario antes de los 30 es porque no quieres, te explico cómo conseguirlo en 10 pasos’. ‘Day in the life de una chica perdida en sus 20’s: me compro una casa’. ‘Me voy a Tailandia y pasa esto’. Un bucle de scroll que nos deja varados en el tiempo. Varados en la idea de no llegar, de no estar al día, de haber comenzado la carrera tarde y con dolor de piernas.

En la rutina no encontramos pausa, no encontramos un espacio para mirar el árbol de la ventana, que nos saluda por la mañana incluso si no escuchamos. El cansancio se vuelve una medalla de oro. Una placa brillante de la que estar orgulloso. Si nos quedamos en la cama nos hundimos en ella: se abre un hueco en nuestro pecho y pensamos, pensamos y pensamos en lo que no hemos hecho, lo que podríamos estar haciendo, lo que nos queda por hacer. Levantarnos nos da más vértigo, aún: cinco minutos más, anoche no dormí bien. Nos medimos por rendimiento, por productividad, por likes, por comentarios, por resultados y por crecimiento.

El aburrimiento ya no existe, no tiene cabida en un mundo de distracciones. Reflexionar se vuelve una carga, una tarea, un prompt más que preguntarle a Chat GPT. Lo importante es levantarse, trabajar, producir y, si eso, dormir.

Hay que amar el trabajo, ir al gimnasio, comer bien, emprender, tener pareja, ahorrar, sacarse el carné y comprar un coche... Pero lo más importante de todo: compartirlo en redes. No existe si no está en Instagram. No existe si no haces un vídeo de 30 segundos con música bonita y muchos cortes. Muchos cortes para que el día se vea rápido. Muchos cortes para que el día se vea agilizado. Muchos cortes para que el día se vea entretenido.

Hay que estar informado, pero no tanto. Hacerte una idea, saber que pasa algo, pero no profundizar mucho. Mejor hacer un prompt para esquematizarlo y que quede bien clarito. Así cuando te topes con el tema en el tiempo de scrolling puedas dar like, puedas repostearlo tú también y dejar claro que sabes. Que te preocupa.

Nos movemos con el fin, no solo de producir, sino también de aparentar que se nos da genial, que lo tenemos todo bajo control, que dimos con la clave. Nos agotamos y nos sentimos culpables, así que seguimos. Nuestro valor recae en lo que hacemos, en cómo se ve, en qué impacto tiene.

En medio del burnout parar se vuelve radical, alienante. No sabemos quiénes somos si no tenemos un producto para demostrarlo. No sabemos quiénes somos cuando miramos al techo, cuando tenemos la cabeza en blanco y nada que tachar en una lista de tareas. Nos rendimos ante el oleaje de las alarmas y nos olvidamos, simplemente, de ver el árbol fuera de la ventana.

Tracking Pixel Contents