Opinión | Retiro lo escrito
No les toques a Franco

Rueda de prensa de Podemos Canarias junto al monumento a Franco.
Es francamente (ejem) difícil desentrañar lo que ha llevado al gobierno municipal de Santa Cruz de Tenerife a obstaculizar casi sistemáticamente la retirada al Monumento a Franco: la única puñetera capital de provincia española que sigue manteniendo un engendro que exalta y conmemora al dictador. Uno ha tenido que escuchar cosas tan delirantes como que se pretendía comenzar el expurgo de los símbolos y vestigios franquistas por Santa Cruz de Tenerife, como si esa ambición fuera intolerable y no una oportunidad para ser los primeros en conseguir un objetivo cívico y una reparación moral. Finalmente el Catálogo de Símbolos, Calles, Monumentos y Menciones Franquistas en Canarias, fruto del trabajo exhaustivo de un equipo de historiadores coordinados por la profesora Maisa Navarro, fue entregado hace ya más de medio año al Gobierno autonómico. Pero ahí sigue el Monumento a Franco diseñado por Juan de Ávalos e instalado en un espacio anexo al museo militar de Almeyda a mediados de los años sesenta. Entre los más de 400 vestigios y restos simbólicos del franquismo que recoge el catálogo de la doctora Navarro y su equipo es el único que exalta directa y personalmente al dictador y, paradójicamente, el que más ha sido protegido de facto por los sucesivos gobiernos municipales en el último cuarto de siglo.
Santa Cruz de Tenerife es una ciudad que no ha disfrutado tradicionalmente de buenas relaciones con su pasado. Recuerdo que cuando fue inaugurada una plaza dedicada (a propuesta de Sí se Puede) a Domingo López Torres, allá por 2019, el alcalde José Manuel Bermúdez pronunció un breve discurso, en el que demostró una habilidad extraordinaria para no mencionar ni la guerra civil, ni el golpe de Estado de 1936, ni la dictadura franquista, ni los cientos de isleños torturados, asesinados o desaparecidos por el fascismo. «López Torres sufrió, como muchos de sus paisanos, la violencia desquiciada de una sociedad enferma de odio y revanchismo», burbujeó Bermúdez. A López Torres no le asesinó, tirándolo con un peso al cuello al fondo del mar, una sociedad enferma de revanchismo. Lo mataron los fascistas levantados en armas frente a un gobierno legal y legítimo. Esas cosas no las mencionan los que gobiernan Santa Cruz. Sin duda le parecen una ordinariez pejiguera y fuera de lugar. Lo correcto es citar a las víctimas del franquismo como fulminadas por el rayo loco de una abstracción. Por este camino se llega a la situación actual: tenemos una plaza dedicada a López Torres y al mismo tiempo un Monumento a Franco, militar golpista cuyos canallescos partidarios asesinaron a López Torres entre otros muchos republicanos, rojos, masones y demás ralea. Por cierto: lo de los masones es otra pieza de este juego de desmemoria delirante ahora que se ha inaugurado el Templo Masónico de Santa Cruz, rehabilitado maravillosamente por el estudio arquitectónico de María Nieves Febles y Agustín Cabrera. Todo el discurso oficial del ayuntamiento chicharrero se ha esforzado en descontextualizar históricamente el templo masónico que por milagro del Gran Arquitecto del Universo se salvó de las furias franquistas. Cualquiera puede visitar el edificio pero saldrá sin mayor información de las razones por las que la masonería formaba parte de las obsesiones ideológicas de Franco, ni de la importancia de la sociedad masónica en la pequeña burguesía local en el primer tercio del siglo ni de los macabros detalles de la represión posterior.
La ley de Memoria Democrática –que ciertamente merece varias críticas muy pertinentes– señala la oportunidad de crear un centro virtual documental de la memoria histórica de Canarias. Sería estupendo aprovechar, con la ayuda de las universidades públicas, una oportunidad semejante, de la misma manera que resulta imprescindible recuperar una asignatura como educación para la ciudadanía, que el PSOE ha olvidado incomprensiblemente. Yo entiendo que Santa Cruz de Tenerife tiene ya un Museo del Carnaval, pero podría hacerse un esfuercito, mis alegres comparseros, mis murgas amnésicas, mis rondallas de mi alma.
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