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Opinión | En el camino de la Historia

Sorpresas que no paran

Adolfo Suárez

Adolfo Suárez / La Provincia

No existe día alguno en que la sorpresa tome presencia, y generalmente con mala cara, debido al falso entusiasmo de la sabiduría huidiza de políticos, que dicen velan por nuestro bienestar al que atascan con una palabrería cansina e infantiloide, como si estuvieran inmersos en el síndrome de Peter Pan.

Además, los que juegan al despiste ‘yolandístico’ vierten amenazas, una y otra vez, hacia al gobierno del cual forman parte, haciéndolo con el descaro y la versatilidad de un falso cuento, que, atacando la mentira, la despliegan desde el poder y por mucho que la enarbolen como arma arrojadiza, queda atrapada en la evidencia de sus flaquezas y nula operatividad .

Y si navegamos por el Atlántico y el Pacífico hasta llegar a la esencia del poder omnímodo donde el magnate norteamericano no cesa en proferir amenazas poniendo a punto sus trompetas y tambores de guerra, no sabemos a ciencia cierta, aunque sospechamos, si no estaremos ante una fanfarronada más, sin criterio, como si el matonismo estuviera de moda.

O, por el contrario, nos encontramos en el espacio patológico de la esquizofrenia, donde la realidad va por un lado en una disociación especifica de las funciones psíquicas que conduce en casos graves a un discurso y pensamiento desorganizados.

Tanto los que especulan por cambiar el gobierno, para no cambiar nada, pero sí están en el ámbito de la sorpresa aunque fallida; y los que no descartan guerras y calamidades, se alejan del concepto de persona perfectamente estructurada donde no se puede confiar en la credibilidad y lo que acontezca dependerá de un gesto, de una ocurrencia o de un ataque de nervios donde el tranquimazin se olvidó en la mesilla de noche.

Y todos, en un aparte, como si no fuera con ellos, envueltos en papeles de gran compromiso que obligan a las distintas administraciones a publicar parte de ellos donde aparecen poderes y contrapoderes en el intento de eludir sobornos o de esquivar otros para darle salida, aunque hayan pasado años, hasta llegar a la denuncia por una supuesta agresión sexual en los ochenta al presidente Suárez.

Como si mandara el afán de pasar por encima de quien sea para demostrar el poder de sus influencias y rebuscos en papeles más allá del Pentágono o de la memoria histórica española.

Cuando se llega a este estado de la cuestión, donde la velocidad de las palabras va más allá de su significado, podemos estar envueltos en una jerga dialéctica incomprensible. Lo que hace difícil caminar por la senda donde el encuentro de los mundos será imposible de llegar, por mucho que esperemos.

Porque las consideraciones democráticas del sistema podrán soportar, aunque sea a duras penas, el ruido de sus escándalos, pero no el silencio de sus verdades. Precisamente el fascismo surgió de la dicotomía que se hizo cayendo en el vacío entre promesas y realidad.

Por eso abundar en estas cuestiones es volver a poner a la mayoría de los espectadores de esta, más que comedia, sainete, a los pies de los caballos.

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