Opinión | Retiro lo escrito
Canción de Navidad

Fernando Clavijo en el Parlamento de Canarias / Álex Rosa
Fernando Clavijo, fiel a sus hábitos ascéticos, mitad soldado nivariense y mitad monje deportista, se levantó a las cuatro de la mañana para pegarse sus diez kilómetros de carrera diaria y su centenar de sentadillas, pero cuando estaba a punto de comenzar el ejercicio se iluminó el pequeño gimnasio doméstico por una luz cegadora y entró rodando una pelota que se abrió mientras sonaba estruendosamente el Canto a Canarias de Braulio. Clavijo observó que de la pelota salía un hombre pequeñito vestido de azul y con el carnet de socio del CD Tenerife tatuado en la frente. Acabó la canción Braulio y solo se escuchó el silencio. El elfo –definitivamente le pareció un elfo– se puso de puntillas, lo miró fijamente y gritó:
–¡Soy el Fantasma de las Navidades Pasadas!
Clavijo lo escrutó más detenidamente. Se quedó asombrado.
–¿Paulino? ¿Eres tú? ¿Pero qué haces aquí?
–Recordarte de dónde vienes para que sepas a dónde vas. ¡Por tu bienestar! ¡Por tu redención!
–¿Necesito ser redimido?
–Por supuesto. Como todo presidente. Ya sabes que esto no es gratis.
–¿Y cómo es que tú no te redimiste?
–Es que a mí en vez de Adán Martín se me apareció Miguel Concepción. ¡Recuerda! ¡Recuerda cuando eras un sencillo y feliz alcalde de La Laguna y merendabas con Javier Abreu y dudabas si lo más alto era la Torre de la Concepción o Ana Oramas!
Fernando Clavijo se encogió de hombros. El gnomo volvió a la pelota que salió rodando de la habitación, pero de repente se materializó un tobogán gigantesco en una esquina y bajó a toda velocidad, enorme y jovial, con un traje multicolor y zapatones de piel de cocodrilo Casimiro Curbelo, porque Clavijo estaba absolutamente seguro de que era Casimiro Curbelo. El gomero llevaba en una mano un vaso de ron de caña y en la otra portaba, atados en la muñeca, tres escaños como tres soles.
–Soy el Fantasma de las Navidades Presentes, aunque vestido así parezca un tío abuelo de Bad Bunny…
–¿De las Navidades Presentes, en serio?
–Bueno, de las pasadas, presentes y futuras… Mientras tenga esto –y agitó los tres escaños como tres pulseras–. He venido para que no olvides a la gente normal y corriente. A la gente con necesidades, angustias y problemas. A la gente como yo, vamos. No olvides jamás que tú eres contingente, pero yo soy necesario.
–No puedo estar más de acuerdo con usted...
–Faltaría más.
Mientras el fantasma reía se hizo repentinamente una oscuridad absoluta. Clavijo, tal vez por primera vez en su vida, sintió frío. Era un frío doloroso, febril, preciso como un bisturí. Pareció que se encendían media docena de velas. Una figura alta, oscura y cubierta con una capa negra de pies y cabeza se acercó.
–Supongo que eres el Fantasma de las Navidades Futuras.
La alta figura permaneció en silencio. Ni siquiera hizo un gesto. Se escuchaba el crepitar de las velas.
–¿Qué me tienes que decir? ¿Qué me vas a enseñar magistralmente, como me suele decir Alfonso Cabello?
El fantasma siguió mudo, pero señaló unos papeles sobre la mesa próxima. Clavijo se acercó con cierta desconfianza, tomó varios folios y empezó a leerlos. Eran los resultados de las elecciones autonómicas de mayo de 2027 y caían CC y el PP en beneficio de Vox, que conseguía nueve diputados.
–Pero esto no puede ser… ¿No se puede hacer nada?
–Claro que sí –dijo el fantasma–. Pacta con nosotros. n
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