Opinión | Retiro lo escrito
Vox en Canarias

Nicasio Galván (Vox) urante su intervención / Álex Rosa
En Canarias Vox no ha desarrollado ningún proyecto político. Actúa simplemente como sucursal de un partido que todavía no ha madurado organizativamente con plenitud. Lo cierto es que tiene dificultades cada vez que lo intenta. No solo a los militantes, también a los cuadros y a muchos dirigentes de Vox les repugnan principios básicos de cualquier organización política. Es la paradoja de una organización política cuyos militantes y simpatizantes detestan las organizaciones políticas. Esta debilidad ‘orgánica’, esta falta de estructuras operativas, órganos de dirección activos y competencias reglamentariamente bien definidas lleva a que Vox adopte casi una estructura rizomática, un modelo de organización no estrictamente jerárquico, donde los grupos de cargos y militantes se conectan horizontal y no verticalmente. Solo existe un líder carismático e indiscutible, Santiago Abascal, que está por encima del partido mismo, incuestionado e incuestionable. Los dos hombres más importantes a su lado son Ignacio Garriga y Jorge Buxadé, aunque otros mantengan una importante influencia desde el llamado comité de Acción Política, donde se cuecen y comentan decisiones con mayor asiduidad y pertinencia que en el comité ejecutivo nacional. Sin embargo, Garriga, Buxadé et alli no ejercen un control realmente eficaz sobre nada y su interés se limita al funcionamiento de los grupos en el Congreso de los Diputados y el Senado y en el Parlamento Europeo. Cuando en junio y julio de 2023 Vox pactó con el PP en diversas comunidades autónomas cada líder local lo hizo a su aire. Las únicas instrucciones que vienen de la dirección nacional son las negativas, por ejemplo, dejar de inmediato en 2024 los gobiernos autonómicos pactados. Y se obedeció sin rechistar.
¿Por qué funciona así Vox? Pues simplemente por astucia. Con una dirección draconiana y unas estructuras rígidas se producirían conflictos y enfrentamientos casi inmediatamente entre gente que carece de compromiso militante y disciplina de partido e incluso –ya digo– la desprecia como cosa de rojos. En cambio la porosidad normativa y reglamentaria ayuda a Vox a captar candidatos y (hasta cierto punto) a sumar votos: es casi un catch in party dentro del espacio socioelectoral de la derecha y la extrema derecha. Vox ha privilegiado el crecimiento electoral y la proyección de su marca a la puesta en funcionamiento de órganos de dirección en Canarias y en cada una de las islas. Los pactos locales que CC y/o el PP han suscrito con Vox (Teguise, Arona, Granadilla) no han sido ni negociados ni ratificados, en sentido estricto, por la dirección nacional de los ultras. Ni siquiera se ha desplazado nadie de Madrid a Canarias para acompañar a sus compañeros. Claro que eso puede cambiar. Y cambiará en un futuro próximo, aunque Coalición y el PP no quieran darse cuenta.
Ciertamente el orgullo españolazo y rojigualdo, los toros y la caza dejan bastante fríos a los canarios. Pero conviene señalar que en las islas, entre 2018 y 2023, se domiciliaron más de 100.000 peninsulares. Sería interesante saber lo que votaron en las últimas elecciones autonómicas. Vox puede tener un crecimiento prometedor en el archipiélago como voto de castigo a unas élites políticas que llevan gobernando ininterrumpidamente la comunidad desde hace más de 40 años sin solucionar problemas estructurales y estratégicos. Especialmente si se quiebra el crecimiento económico, se retrae el turismo, sube el desempleo y se amplía aún más la brecha social. Es difícil que la ultraderecha bloquee mayorías en el Parlamento de Canarias. Pero en los ayuntamientos y en algunos cabildos lo puede tener más fácil. En ese supuesto Vox podría crecer rescatando para sí votos de la abstención, pero sobre todo tomándolos del PP y CC, en varios municipios del sur, en el ayuntamiento de Santa Cruz o en el Cabildo tinerfeño, donde bastaría que los ultras le arrebataran un consejero a CC y dos al PP para volar la mayoría de centroderecha y obligarles a pactar la entrada de Vox al gobierno insular o quizás boicotear la gestión durante cuatro años. La ultraderecha impactará en los equilibrios políticos de Canarias a partir del verano de 2027.
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