Opinión | El cronista de la capital
José Manuel Ledesma Alonso
El Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal
El espacio exhibe la historia de la antigua fortificación, que estaba donde se encuentra hoy la plaza de España, y repasa el sistema defensivo de Santa Cruz

Cañon El Tigre en el Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal. / E. D.
El Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal, gestionado por el Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo Insular de Tenerife, es una propuesta interpretativa que permite al visitante descubrir y contextualizar los restos del Castillo de San Cristóbal (1579-1928), cuya construcción militar solo era recordada por la popular calle del Castillo.
El muro perimetral del castillo apareció durante las obras de remodelación de la plaza de España, en 2006. Ante la importancia histórica del hallazgo, las autoridades consideraron proteger y poner en valor este recurso patrimonial, incorporando al nuevo trazado arquitectónico una galería subterránea para hacerlo visitable. Como testimonio de su presencia, en el piso del lago existente en la plaza de España se ha señalado la silueta de su planta.
El proyecto expositivo, elaborado por el Museo de Historia y Antropología de Tenerife, lo dedica a la historia del propio Castillo de San Cristóbal, desde su edificación, en 1575, hasta su demolición en 1928, y da a conocer la historia y el sistema defensivo de Santa Cruz, haciendo un recorrido por los Castillos de San Cristóbal, San Juan y Paso Alto.
Desde su inauguración, el Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal ha sido visitado por miles de residentes y turistas, convirtiéndose, de este modo, en un espacio de referencia en torno a la Plaza de España de Santa Cruz de Tenerife.

Restos visitables del Castillo de San Cristóbal, en el Centro de Interpretación situado en la plaza de España. / E. D.
Aunque indemostrable históricamente, la tradición popular admite que fue el cañón El Tigre, emplazado en una tronera del Castillo de San Cristóbal, quien hirió al famoso almirante inglés Horacio Nelson cuando se disponía a desembarcar por la playa de La Alameda y fue alcanzado por su metralla en el brazo derecho, por lo que tuvo que ser trasladado al Thesseus, su barco insignia, donde un cirujano se lo amputó a la altura del hombro.
Símbolo de aquella gesta, ocurrida el 25 de Julio de 1797, esta pieza de artillería ha pervivido en la memoria histórica, manteniéndose desde entonces como una de las más poderosas metáforas y alegorías del valor, así como de los sentimientos del pueblo de Tenerife.
El cañón permanecía olvidado en el Castillo de San Pedro cuando la superioridad dispuso la creación de una batería para salvas o saludos en Las Palmas de Gran Canaria, asignando para ello los antiguos cañones de bronce que estaban dados de baja en Tenerife. Cuando los iban a embarcar, Manuel Martel Carrión, comisionado de la República de Venezuela en Tenerife, descubrió que entre aquellos cañones estaba el famoso Tigre, logrando impedir su marcha.
El 2 de mayo de 1955, con motivo de la creación del Museo de Paso Alto, fundado como homenaje a la gesta del 25 de Julio de 1797, el Tigre sería encabalgado de nuevo con una cureña réplica del original y colocado en la explanada superior del citado castillo, junto con El Orible, El Inbensible, Espanto y Torpe –nombres copiados textualmente–. Como el citado Museo tuvo corta vida, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife acordó cederlo en depósito al Museo Histórico Militar de Canarias, situado en el Fuerte de Almeyda. Desde el 25 de julio de 2009, el cañón El Tigre se encuentra expuesto en el Centro de Interpretación Castillo de San Cristóbal, en una sala perfectamente acondicionada.
Esta nueva ubicación resulta idónea para este bien patrimonial, no sólo porque se trata de una pieza de excepción para ilustrar el discurso expositivo del Centro, sino porque con su presencia rememora, además, el lugar que ocupaba la noche del 24 de julio de 1797, cuando truncó las aspiraciones británicas de tomar Santa Cruz.
El cañón Tigre
El cañón El Tigre, fundido y barrenado en Sevilla en 1768, está formado por tres cuerpos: en el primero, separado de la culata por la faja alta, se encuentra el Escudo Real, con la inscripción «Carolus III D.C. Hispania Edind Rex», y el grano de fogón, que servía para efectuar el disparo con el botafuego.
En el segundo cuerpo, separado del anterior por una moldura con cordón, se hallan las asas en forma de delfines y los dos muñones, donde tiene grabado su peso, 44 quintales y 62,5 libras (2.053 kilos). En el tercer cuerpo, separado por una bella faja alberga, aparece una filacteria en la parte superior, en la que está esculpido su nombre: El Tigre.
De acuerdo con los estudios históricos y técnicos, El Tigre es un cañón de a 16 pulgadas, es decir, dispara balas de hierro de 16 libras (7,360 kilos), tiene un calibre de 133 milímetros y una longitud de ánima de 2.734 metros; por ello, se considera que estuvo situado en el Castillo de San Pedro o en la tronera abierta pocas horas antes, en el Castillo de San Cristóbal. Ambos asentamientos están muy cerca de la calle Villalba Hervás, que entonces se llamaba de Nuestro Señor del Huerto y que a partir de esta gesta pasaría a denominarse El Tigre.
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