Opinión | Risas y fiestas
Pureza e impureza

Pureza e impureza
A veces una tiene temas del día. De la semana. Del mes. Del año. Son como una espuma que rodea las cosas que suceden, que hace que esas cosas parezcan conectadas entre sí y también a una reflexión global a la que nos empujan. Cuando estamos pasando por un duelo, por ejemplo, ¿cómo es posible que tantísimos detalles que vemos por ahí nos hablen del duelo, nos hagan entender matices del duelo, nos revuelvan dentro de él lavadorilmente? En realidad, somos nosotras las obsesionadas, no la aleatoriedad de la vida. En realidad, las cuestiones abstractas que nos pegan sus millones de burbujitas sí que están en todas partes, pero mezcladas con tantas otras y funcionando a la vez. Y de pronto, porque algo nos sucede o nos atraviesa de lado a lado, vemos tocamos lamemos una.
Me está pasando con la idea de pureza. La veo agarrada a todo, a tanto a través de lo que nos definimos, a tanto a través de lo que actuamos y miramos. Queremos tenerlo todo listo ya para poder definirnos o para poder enseñarnos. Nos gustan las explicaciones claras, pero la realidad nunca es clara, e, igual que en todo pues se cruzan los temas una y otra vez y otra, en nosotras mismas se cruzan tantos dolores y tantas euforias y tantos problemas y soluciones que es imposible que seamos como anhelamos ser: al tirar de esta hebrita de aquí, sí, me desprendo completa y puedes mirarme y entenderme, no hay más que explicar, no.
Por supuesto, estoy hablando de las polémicas declaraciones de Rosalía sobre su postura no feminista, claro. Estoy hablando de muchas otras cosas, otra impureza más, porque al final lo importante de que alguien diga algo y te dé un saltito el estómago en un khé muy alto no es ni siquiera la boca de esa persona sino otro nudo más, uno de muchas bocas que se mezclan diciendo lo mismo y en el fondo nos encontramos con un sedimento. Con un porqué. Un tema. Claro, es eso: obsesionada con una idea y está en todas partes porque cuántas cosas hacemos sin entender que formamos parte de procesos, que la individualidad es un sueño y otro enredito, el de lo que pensamos y cómo y cuánto.
Rosalía declaró que, aunque siempre ha estado rodeada de ideas feministas, no se considera moralmente tan perfecta como para pertenecer a un «ismo». ¿Y por qué hay que ser perfecta para ser feminista? ¿Y si todas esperáramos nuestra propia perfección para ganarnos la medallita, qué sería el feminismo? Precisamente, creo, el feminismo es una revisión de cómo vivimos y cómo nos pensamos a nosotras mismas y a las otras: es un toquito en el hombro con la punta de un dedo índice que nos permite detener el automatismo y darnos cuenta de que es automatismo, saber que hay otras formas y ciertas certezas que nos parecían naturales, venidas con el cuerpo mismo a este mundo de plantitas y moho, en realidad son sintéticas y dan un poco igual. Y hay una cosa fuerte. Ser feminista es encontrarte una y otra vez con que debes, a veces, desoírte. Tú misma has sido construida en el sistema que te oprime. Tú misma fabricas ideas antifeministas sin darte cuenta y poco a poco vas afinando el filtro, pero requerimos revisión constante. También nosotras.
Entonces, claro. Ser feminista es acoger esa impureza, tiene que ser eso, pasar por ahí, porque la exigencia de pureza (todo bien a la primera mi primer impulso siempre el más moral y yo una especie distinta a la que no le ha permeado nada de su crianza nunca nunca) nos aleja de poder cambiar. No sé si la palabra es cambiar. Entender. Intentar. En cuanto a la cuestión feminista, creo que el verbo «intentar» es utilísimo, porque, cuando una intenta algo, se arroja de verdad y asume el fallo posible y busca esquivarlo como mejor sabe y con lo que tiene. Cuando intentamos, no desistimos ante la idea de «igual yo no puedo», asumimos que desde la imperfección se puede hacer cualquier cosa y eso es un poder. Intentar nos responsabiliza. Y creo mucho en eso, mirarnos de verdad, sin buscar nada en nosotras, para poder hacernos cargo de lo que sabemos que no hacemos bien y entender qué es lo que sucede cuando no lo hacemos bien y crecer.
Decirnos que no somos lo suficientemente perfectas como para ponernos una etiqueta es, en realidad, una excusa cómoda. Y aquí mi conexión de esto con el tema del díamesaño: la exigencia de pureza (en todo: moralidad relato identidad sentimientos…) está muy alineada con el arregostamiento en la tibieza. Perdón por la rima. Pero tiene que rimar. Porque es lo mismo. Espejo-cadena-nudo. Es comodidad. Personal y social. Nos protege del disgusto de darnos cuenta de que nada es tan sencillo ni tan imposible: de que a veces, simplemente, no queremos hacer el esfuerzo. Porque es un esfuerzo grande. Convivir con las demás.
- El CD Tenerife pagó 15.000 euros al Zamora por acceder a jugar con su equipación reserva
- Los 'semáforos inteligentes' causan retenciones en los accesos a la TF-5
- El CD Tenerife paga la cláusula para hacerse con su segundo fichaje invernal
- La Aemet anuncia lluvias persistentes en Tenerife con vientos muy fuertes en el Teide
- El partido del CD Tenerife contra el Zamora CF se podrá ver gratis en Canarias: fecha, horario y dónde ver por TV y el móvil el partido de Primera Federación
- El guachinche perfecto para los amantes de la carne a la brasa está en este municipio de Tenerife: más de 25 años y calidad-precio inigualable
- Txus Vidorreta, entrenador del CB Canarias: 'Lo que me ha dicho el club es que tenemos que medir mucho el gasto
- Calcinados tres coches y uno afectado en un incendio de madrugada en Tenerife
