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Opinión

Pedro Afonso

¿Confían los jóvenes en su capacidad?

¿Confían los jóvenes en su capacidad?

¿Confían los jóvenes en su capacidad? / Simona Pilolla

Los jóvenes buscan certezas en un mundo que ya no se las da. Y pocas certezas son tan seductoras como un sueldo estatal para toda la vida. No es solo estabilidad: es la promesa de no caer, el sello antiguo de que, pase lo que pase, alguien sostendrá tu suelo.

De la iniciativa por cuenta propia ni hablamos.

Y los gobiernos lo saben. Por eso complacen sin educar o potenciar su capacidad. Porque es más fácil ofrecer refugio que construir un horizonte. Así se mantiene una política laxa en la gestión de sus recursos propios, como si la maquinaria pública no tuviera límites, como si la eficiencia fuese un concepto opcional.

Pero hay una verdad que no se puede esquivar: la competitividad es la garantía de todo. Es la que sostiene los salarios, la que financia el bienestar, la que permite que un país tenga algo que repartir. Cuando la economía real pierde músculo, el refugio público deja de ser un derecho y se convierte en un espejismo financiado a crédito.

La estabilidad solo es sostenible si alguien, fuera, está creando valor con la misma intensidad con la que dentro se promete seguridad.

Mientras tanto, el sector público se convierte en un territorio donde la estabilidad pesa más que la exigencia, y donde los beneficios no salariales seducen más que cualquier oferta del mercado.

Nos enfrentamos a esta paradoja: Una generación que busca seguridad y un Estado que la concede… aun a riesgo de debilitar aquello que pretende proteger.

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