Opinión | Notas móvil
Voldemort ya no usa magia, ahora usa ‘streaming’

Ver la saga ‘Harry Potter’ una y otra vez es buenísimo para ti / Archivo
Uno de mis primeros recuerdos en el cine fue con Harry Potter y la Orden del Fénix. Por alguna razón, el grupo de clases particulares en el que estaba por la tarde decidió que era buena idea llevar a un grupo de niños de 5-6 años a ver la película que mostraba el mundo mágico bajo las garras del mago más tenebroso de todos los tiempos. Recuerdo estar aterrorizado: la oscuridad de la sala, la grandeza de la pantalla, la sensación del ruido envolvente, mis compañeros tan asustados como yo. Todos factores que contribuían a la idea de que Voldemort era real, y yo un personaje del mundo más allá de la estación 9 ¾.
El tiempo ha pasado. Los terrores de Harry Potter resultaron estar más en su escritora que en sus personajes, la idea de Voldemort ahora solo me da miedo cuando veo el panorama político del mundo actual, y la oscuridad es una amiga que aprecio cuando me voy a dormir. Pero lo que no ha cambiado, lo que realmente sigue siendo mágico, es atravesar las puertas de una sala de cine y verme completamente inmerso en un mundo ajeno a mí.
Con los años, el cine se ha vuelto un amigo, un apoyo, un espacio más allá del día a día. Es como un amigo cercano con el que te limitas a quedar una vez cada cierto tiempo, porque le encanta ir a sitios caros, pero al que quieres enormemente.
Para mí, de todos los cines de la Isla, el Cine Víctor en Santa Cruz siempre fue mi predilecto. En su sala, sentado en el balcón más grande, fui a ver con mi hermana, por primera vez sin la compañía de un adulto, el live action de La Bella y la Bestia. También, entre sus butacas, vi por primera vez la que hoy es una de mis películas favoritas: Lalaland. Y así, muchos más recuerdos que agrandan la pena de ver sus puertas cerradas.
El cierre de estos lugares habla más del momento que estamos viviendo de lo que pensamos. El cierre de estos lugares es el primer ladrillo dorado que construirá el camino hacia un mundo sin terceros espacios. Un mundo sin espacios ajenos a nuestra rutina diaria, donde distraernos, desconectar, socializar o simplemente escapar, por una hora o dos, de los vaivenes del día a día.
Un camino que se hace más palpable con la reciente compra de Warner por parte de Netflix, que por varios miles de millones de dólares, adquirió el estudio de cine y entretenimiento que incluye bajo su techo a HBO.
Esta propuesta de monopolización del mercado del cine y el entretenimiento norteamericano es de gran importancia al considerar que Netflix no es conocida por ser muy amiga de los lanzamientos de sus películas en salas (a excepción de algunos ejemplos como puede ser la reciente Frankenstein de Guillermo del Toro), por lo que absorber a un estudio que ha fabricado franquicias como Batman, Juego de Tronos o la misma Harry Potter y encerrarlo en las paredes del metaverso me da miedo.
Me da miedo porque es un paso más hacia no salir de nuestras casas. Un paso más hacia reducir nuestra visión del mundo a lo que podemos ver en una pantalla.
Sé que el cine no es un espacio donde predomina la socialización o el contacto con ‘el mundo exterior’. Sé que incluso considerarlo un tercer espacio puede ser debatible. Pero sí es un medio para integrarnos activamente en lo que hacemos. Ir al cine supone una preparación, un proceso: comprar las entradas, salir, quedar con alguien (o ir solo), comprar cotufas y refrescos (que están más buenos ahí que los que se hacen en casa), encontrar la butaca, ir al baño cinco minutos antes, comentar los trailers de las pelis que vienen y decir ¿cuántos Padre no hay más que uno pueden sacar?, emocionarse cuando se apagan las luces, ignorar que existe el móvil, ignorar si te han escrito un mensaje, ignorar cualquier cosa que esté pasando fuera de la pantalla, fuera de la sala.
El cine está caro y nuestras camas son muy cómodas como para preocuparnos por el cierre de las salas de proyecciones locales, el entretenimiento por el que se apuesta y los arrebatos de señores con dinero en EEUU. Pero sí, creo que deberíamos levantar las cabezas de las pequeñas pantallas, poner pausa a la serie que tenemos de fondo mientras vemos Tiktok, y pensar en si nos podemos permitir abstraernos de lo que nos rodea. Abstraernos de lo que nos incumbe. Abstraernos el uno del otro.
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