Opinión | Retiro lo escrito
El sanchismo canario

El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, durante una sesión plenaria en el Congreso, a 11 de diciembre de 2025, en Madrid (España). / Fernando Sánchez - Europa Press
La tarde se ha quedado oscura, húmeda, fría, sacudida por chaparrones inclementes; allá arriba, la luz relampagueante de un rayo precede a un trueno moribundo. Más que una tarde parece el PSOE. Tal vez sea el momento de divagar sobre asuntos improbables. Por ejemplo, ¿los socialistas canarios tienen algo que decir sobre esta crisis de su organización, que puede terminar –debería terminar– en una convocatoria anticipada de elecciones generales? Reconozco que no es una cuestión demasiado morbosa. Incluso en tiempos de mayor pluralidad en el partido –aquellos años en los que podían identificarse guerristas, renovadores o los jamás silenciados supervivientes de Izquierda Socialista– el PSOE canario se caracterizaba por su mutismo, discreción y obediencia irrestricta al centro de mando de Ferraz. La organización socialista en las islas era, respecto a la dirección federal, una especie de orden trapense que jamás caía en el pecado de la soberbia, cuidándose muy mucho de pronunciarse sobre ningún aspecto estratégico, programático o ideológico.
Es realmente curioso. Una fuerza socialdemócrata que opera en un territorio a más de 2.000 kilómetros de Madrid y a 3.600 kilómetros de Bruselas, un archipiélago con una realidad económica y fiscal diferenciada y un entramado cultural que relaciona Europa, África y América, no ha tenido –salvo parcial y relativamente la figura de Antonio Carballo Cotanda (1936–1977)– un punto de vista analítico propio. En los años setenta y principios de los ochenta el PSOE se abrió en Canarias a numerosas personalidades procedentes de la izquierda, pero no apostó por ninguna refundición al estilo del Partido de los Socialistas de Cataluña. Jamás intentó ya no independizarse, sino ganar autonomía reglamentaria respecto a Madrid. La única fusión que recuerdo en el último cuarto de siglo fue la absorción intestinal de Nueva Izquierda, un partidete microscópico liderado por Cristina Almeida, fruto de una orden de Ferraz que cumplió cabalmente –como siempre– Jerónimo Saavedra. El expresidente y exministro demostró sus virtudes oraculares cuando obligó a incluir en la lista al Parlamento a un individuo grotesco llamado Luis Pareja –golondrina funcionarial de origen peninsular– como optó también por el hoy olvidado Melchor Núñez para designarlo, diez minutos después de su ingreso en el PSOE, candidato al Cabildo de Tenerife (Núñez terminaría bailando la conga con Ignacio González en el extinto CCN). Jugadas maestras saavedristas que todos olvidan por ignorancia o por piedad filial.
El PSOE canario se ha mostrado incapaz y hasta indiferente en lo que llevamos de siglo para segregar un solo documento de interés. Por supuesto que cuenta con simpatías de intelectuales universitarios –Antonio Olivera o David Padrón son buenos ejemplos– pero resultan admitidos como compañeros de viaje que ocasionalmente pueden ocupar cargos públicos: su aportación teórica no genera una mentefactura en el partido. En los últimos años la situación ha empeorado por el seguidismo acrítico –a veces lacayuno– hacia Pedro Sánchez y coincide con que Pedro Sánchez ha sido el presidente socialista que peor ha tratado los intereses de Canarias. La dirección de los socialistas canarios (un órgano hipertrofiado, encapsulado y burocratizado) está totalmente entregada al secretario general y jefe del Gobierno español y no entienden al partido sino como una maquinaria político-electoral para publicitar al líder, difundir consignas y preparar elecciones, no como un instrumento para una política reformista más o menos abierto a la sociedad civil. Tiene una evidente mala salud organizativa y una debilitada implantación en casi todas las islas y no ha sabido crear nuevos liderazgos en las mismas mientras en sus respectivos territorios Sebastián Franquis y Patricia Hernández –dos generaciones pero un mismo afán de supervivencia– comparten el eslogan de Los inmortales: solo puede quedar uno. El fin del sanchismo será un golpe doloroso para el PSOE canario y Ángel Víctor Torres no será el único que deberá jubilarse.
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