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Opinión | El recorte

Daños irreparables

Detenida la exmilitante socialista Leire Díez

Detenida la exmilitante socialista Leire Díez

Esto es un caos. Una imparable sobredosis de escándalos. Apenas estás acabando de digerir uno y ya tienes que enfrentarte al impacto del siguiente. Es un diluvio de clavos con las puntas afiladas. Las tapas de las alcantarillas de la vida pública están saltando por los aires impulsadas por una violenta erupción de aguas fecales.

Hace solo unos días estábamos ocupados en un apasionante debate sobre el primer fiscal general del Estado en la historia declarado inocente por el presidente del Gobierno y culpable por el Tribunal Supremo. Que vaya mala suerte; podría haber sido al revés. Pero, de repente, a Moncloa se le ha vuelto a bajar la cremallera de la bragueta del susto. La UCO ha detenido a una distinguida militante socialista llamada Leyre Díez, al expresidente de la SEPI, Vicente Fernández, y a un empresario socio de Santos Cerdán. Y la Policía Nacional al presidente y director de la compañía aérea Plus Ultra, rescatada con 53 millones por el Gobierno de España.

El caso de las compras de material sanitario, que afectaba a Ábalos y Koldo, fue solo el aperitivo de un festival de escándalos. Uno de ellos es la causa secreta que investiga la Audiencia Nacional y la Fiscalía Anticorrupción sobre supuestos delitos en contratos públicos, que afecta a la empresa Servinabar, vinculada a Santos Cerdán, donde trabajó el expresidente de la SEPI española, Vicente Fernández. Otro es el rescate multimillonario, por el Gobierno, de la empresa aérea Plus Ultra, vinculada también a Canarias y contratada para el transporte de mascarillas durante la pandemia. Todo conectado en una ensalada llena de lechugas y chistorras.

Recapitulemos. Pelotazos con mascarillas. Fraudes con petróleo. Rescates polémicos con sospechas de blanqueo. Un fiscal general –caso único en nuestra historia– condenado. Una fontanera de Ferraz, detenida por orden judicial. Un secretario de Organización y ministro de Obras Públicas en el talego, con ejemplar asesor de compañero de celda. Otro secretario de Organización imputado, tras pasar unos meses a la sombra. Un directivo de Moncloa cesado por babosear a mujeres y su segundo ejecutado por complicidad. Seis mujeres que denuncian por delitos sexuales al amigo José Tomé, presidente de la Diputación de Lugo. Un hermano del presidente, que no sabía muy bien dónde estaba su despacho, en el banquillo. Y una primera dama camino de un juicio que va a dar la vuelta al mundo. ¿Hay quien dé más?

Pedro Sánchez, trastornado, ha dicho: «somos el gobierno que más apoya a las mujeres». Le podría haber traicionado el subconsciente gramatical con una ‘ll’ fatídica. Porque no es lo mismo una vieja leyenda hebrea que una vieja leyendo ebria. Su mundo se derrumba y lo peor es que no puede convocar erecciones… digo elecciones. Sabe que si pierde la Presidencia será devorado por los suyos. Así que está condenado a estar en una silla eléctrica, soportando cada día un nuevo calambrazo.

La pregunta no es si podrá resistir –que no le queda otra– sino si los daños al país serán reversibles. Si el descrédito y la pestilencia que sale por estas nuevas cloacas no terminará ahogándonos a todos.

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