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Opinión | En el camino de la historia

Las miserias de la política

La Fiscalía avala el caso Montoro: "Es corrupción grave, que no entiende de política"

La Fiscalía avala el caso Montoro: "Es corrupción grave, que no entiende de política"

En determinados países europeos se percibe una cierta degradación moral en organizaciones políticas a las que se les cuestionan ciertas actitudes que arrumban hacia una escala de desconcierto organizativo donde soterradamente existe pugna por determinar quién es el más corrupto.

La corrupción es inherente a la condición humana y más aún cuando existen acciones de poder que hacen que se actúe de manera despótica, sin contar con las reglas mínimas, donde la norma fundamental es respetar al otro para que el sistema se fortalezca.

Se podrá pensar que estamos en una época de corrupción política que han traído determinados descalabros históricos, pero que la historia no se cansa de relatar, significando caída de gobiernos y más gobiernos.

Y, tan es así, que muchos han hecho carrera política denunciado la corrupción y violencias desde la muerte de Julio César, donde sus ansias dictatoriales se frustraron en manos de sus colaboradores, hasta las de su hijo, Brutus. Con lo cual se puede remarcar que los escándalos sobre corrupción se pueden estirar hasta el infinito.

En el ámbito político del Estado español tenemos claros ejemplos que están en la memoria de todos que han terminado con gobiernos que parecían ejemplares y al final la corrupción desarticuló los engranajes de sus discursos y actitudes cayéndose sobre sí mismos, por su propio peso.

Y la cuestión estriba, al menos, en atemperar comportamientos sin que suenen tambores de guerra, sin que se marque el disimulo y la mentira como formas de actuación.

Llegará un momento que la situación sea tan agobiante que el pensamiento se enrocará de tal manera que los goznes de las puertas de los gobiernos se romperán; cuestión retórica que vendrá envuelta en la pregunta.

¿Estamos en una era de corrupción? ¿O esta ha sido una disponibilidad transitoria de gobiernos ya cansados de soportar insidias donde la corrupción pudiera crecer exponencialmente desde el pódium del poder o por el contrario emerge desde los ciudadanos a los políticos? Se ha dicho desde la Ilustración: «no hay libertad sin ley ni donde alguno esté por encima de ella».

Son muchos los que alimentan el germen de la corrupción que hacen se termine gangrenando el sistema democrático influenciado por el clientelismo de aquellos que entienden la política como una profesión más; y que cuando dejen de estar iniciarán el camino del ostracismo escribiendo las páginas de un poder concluido.

Como los malos barruntos, la corrupción no es una anécdota, sino un fenómeno que afecta de manera irremediable al sistema de convivencia que nos hemos dado. Y se tendrá que huir de las miserias que reporta muchas veces la acción política , y no usarla para algo que vaya en contra del orden establecido y sea la inutilidad lo que llevaría asociada para el cambio y la transformación social.

Transformación social por la que se pronuncian todos desde determinadas atalayas de poder, pero que se quedan solo en palabras vacía; eso sí, cargadas de rabia y resentimiento. Lo que se traduce en la trágica miseria de la política.

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