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Opinión | El RECORTE

Ni un centímetro

El Gobierno de España, el de Yolanda, se ha ratificado en su apoyo a la solución del Sáhara como un territorio autónomo, integrado en Marruecos. La vía que apoya la ONU y el «amigo» Trump, que vende armamento por miles de millones a Mohamed VI.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. / Matias Chiofalo - Europa Press

Yolanda Díaz, vicepresidenta del Gobierno y líder de la evanescencia y el postureo de la Izquierda Verdadera, se apuntó a la causa palestina exclamando aquello de la construcción un nuevo estado árabe «desde el río hasta el mar». Como no se estaba refiriendo al Manzanares, cabe inferir que exigía un país desde el Jordán hasta el Mediterráneo. Luego llegó Donald Trump con su estilo bravucón, entre extorsionando y amenazando, y forzó a que se firmara la paz. Y cayó el olvido. Lo del nuevo Estado, ya si eso, lo hablamos el siglo que viene.

Ahora toca el Sáhara. «El valiente pueblo saharaui que sigue resistiendo la ocupación de Marruecos». El Gobierno español, en el que se sienta Yolanda Díaz, se reunió esta semana con el Gobierno marroquí para hablar de intereses comunes, que es como se dice algo en diplomacia cuando no se quiere decir nada. Pero igual Yolanda sí sabía algo, porque dijo, en su apasionado estilo: «Se celebra en nuestro país una reunión de alto nivel con Marruecos y vamos a decirlo claramente, no vamos a ceder un centímetro de tierra saharaui».

Saboreen el reflexivo. «Se» celebra. Como si la reunión, dotada de voluntad y personalidad propia, se hubiera celebrado a sí misma. Pero no. Lo que hubo es un encuentro entre los gobiernos de España —o sea, el de Yolanda- y de Marruecos. ¿Y qué valor tiene entonces que la vicepresidenta diga «no vamos» va a ceder ni un centímetro de tierra saharaui? ¿Quiénes no vamos? Porque no lo dijo en el Consejo de Ministros, sino en las redes sociales, como si fuera una influencer sin poder institucional. Como si Sumar fuese un partido cuántico, capaz de estar en el Gobierno y fuera al mismo tiempo. O tal vez, en una explicación más sencilla, como si considerara, no sin razón, que los ciudadanos españoles son lo suficientemente idiotas para no ver la incoherencia.

Es cosa sabida, desde el Jordán hasta el Manzanares, que el presidente del mismo Gobierno en el que está Yolanda Díaz envió una carta al rey de Marruecos en la que aseguraba que España —también, pues, Yolanda— apoyaba el plan de ese país sobre el Sáhara. Esos mismos días, Yolanda ídem podría haber retirado el apoyo a Pedro Sánchez: o sea, el pacto entre Sumar y el PSOE, porque no se les había consultado una decisión a la que se oponían con uñas y dientes. Pero, claro, hay ministros y ministras, asesores, cargos, coches oficiales y pasta. ¿Y a quién se le ocurre perder todo eso por un ataquito de dignidad? Pues a nadie. Por eso Yolanda se conforma con protestar leyendo un poema del poeta saharaui Liman Boisha. ¡Tiembla Mohamed VI!

Esta semana, al término de la reunión de los presidentes Pedro Sánchez y Aziz Akhannouch, se arrojó a los medios de comunicación un hueso en forma de declaración, sin admitir preguntas, a pesar de las protestas de las organizaciones de periodistas. Aquello de luz y taquígrafos se quedó en oscuridad e invidencia.

Nadie, excepto los que estuvieron dentro de la sala, sabe lo que hablaron realmente los dos gobiernos. Nadie conoce si se puso sobre la mesa el espinoso asunto de las aguas de soberanía marroquí, cuya delimitación arbitraria y unilateral —intentada ya por Marruecos con la Zona Económica Exclusiva que aprobó por sus bemoles en 2020– podría dejar a Canarias sin plumas y cacareando. Ni qué nuevas reclamaciones económicas y comerciales han hecho los marroquíes, que podrían afectar a nuestra propia economía. No permitieron que Canarias tuviera un triste observador en la cumbre.

El Gobierno de España, el de Yolanda, se ha ratificado en su apoyo a la solución del Sáhara como un territorio autónomo, integrado en Marruecos. La vía que apoya la ONU y el «amigo» Trump, que vende armamento por miles de millones a Mohamed VI. No sé si eso es exactamente no ceder ni un centímetro de tierra saharaui. O es darle la cinta métrica. Yolanda, indignada, seguramente leerá otro poema. Pero esta vez del marroquí Laâbi.

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