Opinión | Editorial
Canarias ante China
Para Pekín, el Atlántico Medio ofrece una vía alternativa de influencia hacia África y las rutas marítimas que conectan América, Europa y Asia. En ese mapa, Canarias emerge como enclave privilegiado, con estabilidad institucional, infraestructuras avanzadas y ubicación única para la logística y la seguridad marítima.

El presidente chino, Xi Jinping, y el francés, Emmanuel Macron, durante la ceremonia de bienvenida del segundo, este jueves en Pekín. / ADEK BERRY / POOL / AP
La reciente visita de los Reyes a China, la primera desde que Felipe VI asumió la corona, contribuye a reforzar los lazos con un país con un importante papel en el mundo y que ya es el cuarto socio comercial de España. Y en el que Canarias debe poner más interés. En eso parecen trabajar con escasa coordinación la Comunidad Autónoma a través de Proexca y los Cabildos de Gran Canaria y Tenerife junto a Cámaras de Comercio y empresas.
Este esfuerzo debe aumentar. Se trata de mejorar la penetración en el mercado chino y de atraer inversiones. Y de consolidar un prestigio y una reputación geoestratégica que España, o al menos el Gobierno actual, parecen no ver e incluso debilitar. Así se ha percibido esta misma semana tras los contactos con Marruecos a espaldas del Archipiélago.
La región debe seguir el camino trazado por el alto contenido económico de la visita de los reyes a China. Los encuentros persiguen una balanza comercial más equilibrada, en la que China no opere solo como una fábrica mundial sino como un mercado más abierto a las exportaciones. No es fácil conseguirlo, en tiempos de recrudecimiento de la guerra comercial entre Washington y Pekín, y de tensiones con Bruselas por la asimetría de las relaciones comerciales entre la UE y China. España, y Canarias también, deben explorar todas las posibilidades de avanzar en intercambios más equilibrados, como han hecho Alemania, Italia y Holanda, que mantienen contactos fluidos con Pekín.
Las relaciones entre China y Canarias han sido históricamente moderadas en términos económicos, pero van adquiriendo un mayor significado estratégico. Aunque el volumen comercial directo es limitado, la presencia creciente de una comunidad china refuerza vínculos. La actividad de esta comunidad, muy visible en sectores como la restauración y el pequeño comercio, ha servido hasta ahora como puente entre ambos territorios.
El interés chino en Canarias se entiende desde su posición geoestratégica en el Atlántico Medio. Para Pekín, las Islas ofrecen una plataforma estable desde la que observar y proyectar su influencia en África, donde mantiene importantes inversiones. Así se explica que el presidente Xi Jinping haya elegido Gran Canaria y Tenerife como escala en varias giras, visitas que combinan descanso con gestos diplomáticos.
Xi ha mostrado interés por la cultura insular, de manera que genera repercusión mediática internacional y ofrece a Canarias una oportunidad de reforzar su visibilidad global. Aunque las inversiones chinas no hayan alcanzado gran escala, existe interés en fortalecer la cooperación. En un contexto de creciente competencia global, Canarias debe aspirar a consolidarse como nexo entre China y el Atlántico. La relación, aún discreta, podría convertirse en un eje relevante para el desarrollo económico y la proyección internacional isleña.
El creciente empuje de Marruecos en el Atlántico, reforzado por su alianza con Estados Unidos, está redefiniendo el equilibrio geopolítico alrededor de Canarias. Rabat aspira a consolidarse como actor energético clave con la explotación de tierras raras, fosfatos, gas y posibles yacimientos offshore, un proceso en el que el respaldo político y militar estadounidense le aporta seguridad y margen de maniobra. Esta expansión, que incluye desarrollo portuario, sitúa al Archipiélago en una posición especialmente sensible.
China, atenta a la pugna global por las materias críticas, observa el área como de alto valor estratégico. Para Pekín, el Atlántico Medio ofrece una vía alternativa de influencia hacia África y las rutas marítimas que conectan América, Europa y Asia. En ese mapa, Canarias emerge como enclave privilegiado, con estabilidad institucional, infraestructuras avanzadas y ubicación única para la logística y la seguridad marítima.
Sin embargo, mientras EEUU y China recalibran su presencia en la región, España y la UE actúan con lentitud y desdén. La falta de una estrategia territorial clara y la escasa inversión en capacidades propias crean la percepción de que Bruselas y Madrid no aprovechan la importancia de las Islas como frontera atlántica.
El resultado de esa ceguera es un escenario en el que Canarias gana valor internacional porque otros actores le reconocen un papel crucial que hay quien trata de arrebatarle con el doloroso respaldo de España.
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