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Opinión | Tal cual

La sociedad del desasosiego

Cáritas muestra el rostro de los que tienen las calles como techo

Cáritas muestra el rostro de los que tienen las calles como techo / Andrés Gutiérrez

La sociedad del desasosiego se caracteriza porque sus ciudadanos perciben un estado de malestar social y personal que se manifiesta en la ansiedad, la precariedad y la profunda desigualdad social; es lo que se conoce como la paradoja de la aparente prosperidad económica.

El último informe de Cáritas sobre exclusión y desarrollo social en España expone con crudeza dicha paradoja y advierte del peligro que actualmente existe en la sociedad por el incremento de la desigualdad entre los españoles. Es como si, de repente, se hubiera producido una ruptura –un desacople– entre los problemas que tienen los ciudadanos y la actividad política de quienes legislan y gobiernan.

«Esta contradicción del crecimiento económico –señala Cáritas– coexiste con la vulnerabilidad social; la estabilidad institucional, con la desafección democrática; y la modernización tecnológica, acompañada de fragmentación comunitaria. Todo ello constituye el núcleo de lo que podríamos denominar la ‘sociedad del desasosiego’ española contemporánea.»

La realidad es que este Gobierno, que presume de progresista, con su modo de actuar, se conduce hacia un populismo rancio y peligroso, alejándose de la necesidad de hacer políticas de redistribución socialdemócrata. Es evidente que el avance meteórico de la economía del que tanto presume el sanchismo no se traduce en mejoras reales y efectivas para la población.

Parece que intentan erosionar la clase media, olvidando –no se sabe si intencionadamente o no– que dicha clase conforma la verdadera espina dorsal –el motor, por así decirlo– de cualquier economía. Además, es la que genera la estabilidad social y política tan necesaria para cualquier sociedad, pues fomenta la cohesión social y, por consiguiente, apoya y estabiliza la democracia.

En su introducción, el informe de Cáritas señala: «Los indicadores macroeconómicos sugieren recuperación y crecimiento, pero bajo la superficie aparente de bonanza se extiende un malestar estructural que atraviesa todas las dimensiones de la vida colectiva». Si a esto añadimos la creciente sensación de corrupción política que rodea al Gobierno en general y al presidente en particular –principalmente por las imputaciones a su mujer y su hermano, además de la responsabilidad que pudiera derivarse de una posible «culpa in vigilando» sobre sus principales asesores, hoy en la cárcel–, se entienden las maniobras de distracción política que intentan apaciguar al pueblo poniendo en práctica el principio neroniano de «pan y circo».

Por desgracia, en España los políticos que nos desgobiernan han dejado de aceptar como norma democrática el hecho de asumir la responsabilidad política. El presidente del gobierno, el señor Sánchez, dice que ante los casos de corrupción que le rodean ya ha pedido perdón y que ha asumido su responsabilidad, lo cual demuestra el doble rasero del sanchismo sobre dicho tema.

Evidentemente, no se acuerda de sus propias declaraciones cuando, el 29 de octubre de 2014 en el Congreso, liderando la oposición, le dijo a Mariano Rajoy: «Usted está asediado por la corrupción; usted pidió perdón por los nombramientos que había hecho en el pasado, pero usted es el máximo responsable de dichos nombramientos. Lo suyo no es el caso de una única y exclusiva manzana podrida, señor Rajoy. Usted pidió disculpas, pero ni al Congreso ni al Senado se viene a pedir perdón, sino a dar explicaciones, a rendir cuentas y asumir responsabilidades políticas».

Pues a ver si se aplica el cuento.

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