Opinión | AZUL Y BLANCO
María José Hernández García
Robando a Santa Cruz
Los ciudadanos de Santa Cruz corren con toda la depuración de lo suyo, la de los adelantados y esperanceros. Éstos, de paso, miran el asunto haciéndose los suecos, con despedida a la francesa.

Depuradora de Buenos Aires, en Santa Cruz. / t
El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife está cansado de esperar a que el Cabildo de Tenerife asuma la gestión de la depuradora de las aguas residuales, ubicada en el barrio de Buenos Aires de la capital.
Barrio de ¡Buenos Aires! ¿Se trata de una paradoja? Mejor nominación sería ‘Caca Viento’. Basta con venir a Santa Cruz por el tramo de autopista del Sur que conduce hasta la entrada a la ciudad por el puente sobre la piscina municipal para sentir el pestazo. Marea a cualquier visitante. Los santacruceros y habituales, acostumbrados, sabemos que dura unos segundos, más o menos a la altura de la fábrica de Danone. Llevamos décadas así.
¡Ay! Desde el año 2020 viene formalmente reclamando el Ayuntamiento capitalino a un Cabildo tinerfeño, insultantemente indolente con este asunto, que se encargue. Y tiene razón: en la depuradora santacrucera vierten también desechos orgánicos (y todos los demás) los municipios de La Laguna y de El Rosario. Es razonable, entonces, que la gestión sea del Cabildo, porque nos encontramos con una cuestión supramunicipal que supera la capacidad y obligaciones que tiene Santa Cruz como municipio.
Así las cosas, tal como están ahora, un solo municipio está pechando con gestionar residuos de tres. Desde el punto de vista del receptor de desechos (Santa Cruz) no es justo.
La estación está ubicada en Santa Cruz, eso es indudable. El olor fétido es evidencia suficiente. Pero los restos que recoge no son sólo suyos. Entonces, ¿por qué el santacrucero se aguanta el tufo y también el coste en solitario?
El Ayuntamiento de Santa Cruz ha establecido, a modo de ultimátum, dos meses para que el Cabildo Insular de Tenerife se haga cargo o acudirá a la justicia en amparo. Así lo ha manifestado el concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife. Piensa, y con razón, que lo que pasa no es de recibo. Los ciudadanos de Santa Cruz corren con toda la depuración de lo suyo, la de los adelantados y esperanceros. Éstos, de paso, miran el asunto haciéndose los suecos, con despedida a la francesa.
Como los extranjeros que arriban a Tenerife decidan visitar la capital para disfrutar de su Puerto, centros comerciales y toda su oferta cultural, histórica y gastronómica… si entran desde el sur, bien que fruncen el ceño. Tenemos al culpable de ello: el pestazo a cloaca.
Ahora bien, sorprende esta ‘pasividad en la brega’ cabildera en la cuestión. Era de suponer que el matrimonio en la corporación santacrucera (CC-PP), el mismo que en la corporación Insular, aportaría mucha grasa al engranaje del entendimiento. Pero será que cuando se trata de ‘aflojar la pasta’ para depurar heces etcétera, la cosa no es lucida para ganar votos.
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