Opinión | El recorte
La rendición
Las últimas derrotas parlamentarias, el rechazo de la senda de gasto o la imposibilidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado le han mostrado al prisionero de Moncloa el único camino posible: la rendición

Sánchez busca reconstruir puentes con JxCat con medidas económicas y un giro discursivo
El precio no es la foto. Eso es solo una humillación necesaria. Un símbolo. Voy a citar a uno de mis columnistas de referencia que dijo esto hace unos meses. «Puigdemont ha puesto precio a sus votos. No solo para la aprobación de los Presupuestos del año que viene, sino para cualquier propuesta del Gobierno. Hace solo unas semanas quería una foto dándose el pico con Pedro Sánchez. Un Rubiales, vaya. Y como el play móvil no puede entrar en España, Sánchez tendrá que acceder a visitarle en el santuario belga. O sea, el gesto definitivo: la rendición de Breda».
Ayer, en su televisión española, el presidente ha anunciado solemnemente que esa foto se va a sacar. O sea, que ya ha accedido a verse con Puigdemont. Solo falta poner lugar y fecha. Y para engrasar el encuentro con el lubricante adecuado, Sánchez ha anunciado la aprobación de un decreto en el que se concederá graciosamente todo lo que Junts X Cataluña ha exigido y el Gobierno, hasta ahora, no ha podido darle.
O lo que es lo mismo, Junts ha hincado de rodillas al Gobierno de España. Moncloa no tiene más remedio que tragar para salvar la legislatura. Las últimas derrotas parlamentarias, el rechazo de la senda de gasto o la imposibilidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado le han mostrado al prisionero de Moncloa el único camino posible: la rendición. El Sanchismo no está acorralado por la oposición, que es tan mala que da hasta pena, sino por la actualidad. Los reveses judiciales y la debilidad parlamentaria es una carcoma que desgasta extraordinariamente. Así que no queda otra que pasar por el aro.
Entre convocar elecciones, solo para perder clamorosamente, o inclinar la testuz ante Puigdemont, Sánchez ha elegido lo segundo. Porque a la fuerza ahorcan. Porque él es el que hace lo que hay que hacer, sea lo que sea, para seguir en el poder. El que es capaz de anunciar que el Tribunal Constitucional «absolverá» a García Ortiz, el fiscal general del Estado inhabilitado por el Supremo. El que puede decir, sin que le dé un ataque de risa, que no conocía personalmente a José Luis Ábalos, su hombre de confianza, su mano derecha y su aliado en la conquista del poder en el PSOE. «Tenía una confianza política en él, es evidente, no la niego. Pero desde el punto de vista personal era un gran desconocido para mí». Tantas horas en coche, tantas charlas, tantas confidencias, para nada. En Canarias tenemos una crisis de escasez de huevos. Pero en Moncloa sobran.
Sería discutible, pero decente, que este socialismo que Sánchez representa proponga cambiar España por un Estado federal. Que anuncie el propósito de ceder la soberanía fiscal a las autonomías. Que defienda la independencia de las nacionalidades que conforman hoy el Estado. Lo inmoral es que todo eso se esté haciendo solo para un territorio. Que se modifique la Constitución a martillazos. Y que todo sea como pago al apoyo de los independentistas catalanes. Porque los daños serán irreparables. Y porque nos aboca a un conflicto de proporciones bíblicas cuando otro Gobierno, tarde o temprano, tome decisiones que incendien Cataluña hasta extremos impensables. Esa será la herencia de este presidente nefasto.
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