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Opinión | El recorte

‘Game over’

Comienza la vistilla en la que el juez decidirá si envía a prisión a Ábalos

Comienza la vistilla en la que el juez decidirá si envía a prisión a Ábalos

Es el fin de una época. Y para algunos el amargo despertar de un sueño. La imagen de José Luis Ábalos entrando en la prisión de Soto del Real escribe el epitafio de un Gobierno que llegó al poder con una moción de censura contra la corrupción que defendió el propio Ábalos.

Ayer fue un día horribilis para el Gobierno, en clamorosa minoría. Perdió la votación de la senda de déficit, en su enésima derrota parlamentaria. Y aunque Moncloa se aferra a los restos del naufragio, solo puede flotar, a la deriva, pero le es imposible navegar siguiendo un rumbo.

El peor escenario, sin embargo, no estuvo en el Congreso, sino en los juzgados. Un juez del Supremo, a petición de la Fiscalía, decretó el ingreso en prisión para José Luis Ábalos y Koldo García. Y la noticia llegó como un chorro de aire frío en el cogote de los socialistas españoles.

Ábalos ha empezado a romper aguas, lanzando dardos y asegurando que Pedro Sánchez tuvo una reunión –que siempre ha negado– con el líder de Bildu, Arnaldo Otegui, para negociar cómo tumbar al Gobierno de Rajoy. Koldo, para hacer boca, también reveló datos sobre la financiación ilegal de la campaña de primarias de Sánchez. Y Víctor de Aldama ha dicho que ha presentado pruebas al juez de sus relaciones con el ministro canario Ángel Víctor Torres, que siempre ha negado conocerle.

La última y desesperada línea de defensa del entorno sanchista es que la ciudadanía no debe creer en la palabra de unos mentirosos y unos delincuentes. Resulta que el ministro al que toda la izquierda, puesta en pie, aplaudió como un héroe en el Congreso, es solo un mentiroso. Que el compañero que defendió la moción de censura contra un gobierno de la derecha es poco de fiar. Pero solo ahora. Cuando empieza a dar muestras de que podría empezar a hablar y a contar cosas incómodas o directamente delictivas. Pero incluso si no lo hiciera, las evidencias son ya una avalancha: las grabaciones, el rastro del dinero pagado en comisiones que sigue la UCO y el desmadre de pagos en efectivo en el seno del partido.

Koldo García ha amenazado abiertamente con informaciones que son «bombas atómicas» capaces de hacer caer al Gobierno. Pueden ser simples bravatas negociadoras. Amenazas para que «alguien» le ayude. Pero ya está en una situación en la que nadie, sea quien sea, le puede lanzar un salvavidas. Y Ábalos, que parece más frágil, podría derrumbarse y negociar una rebaja de su posible condena a cambio de colaborar con la Fiscalía.

Al ministro canario Ángel Víctor Torres le ha llegado parte de la metralla. Aldama asegura que cenó con él en Madrid. Pero el expresidente de Canarias ha empeñado su palabra en que no lo conoce y en que esa reunión jamás se produjo. Si Aldama logra probar de una forma indiscutible que lo que dice es cierto, será un golpe demoledor para la credibilidad de Torres.

Pedro Sánchez, a estas alturas, no puede ignorar una clamorosa realidad: la que está entrando en la cárcel es ‘su’ gente; ‘su’ círculo de confianza. Estamos en un ‘game over’. Solo falta saber si será un apagado rápido o una larga agonía. Y en medio de esta hecatombe Koldo García y Víctor de Aldama se han puesto injertos de pelo. Debe ser porque ya se dieron cuenta de que se les ha caído.

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