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Opinión | Reflexiones

Detenido por enseñar

Imagen de archivo de un guardia civil

Imagen de archivo de un guardia civil / El Día

Un día en un instituto de Tenerife. El alumnado atiende con mucha atención al profesor de Historia mientras explica el final de la Guerra Civil y el inicio del franquismo. De repente, dos militares corpulentos y una pareja de la Brigada Social irrumpen en el aula y se llevan detenido al profesor. No saben qué ocurre ni quiénes son esos sujetos que apresaron a su querido profesor Matías. El docente fue trasladado a la Guardia Civil de Santa Cruz de Tenerife. Allí lo interrogan bajo presión psicológica y humillación. Preguntan por sus ideas, por sus vínculos políticos, incluso por familiares y amigos. Cualquier indicio de simpatía republicana o de pensamiento libre puede ser usado en su contra. Los documentos personales y los libros del docente son requisados. Ya forman parte de las pruebas en los archivos de depuración del magisterio. El caso merece prisión preventiva, y el maestro es enviado a la Cárcel Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Matías ha sido acusado de difundir «propaganda republicana» y de cometer «delitos contra la patria». Según la gravedad de su supuesta infracción, se enfrenta a penas de prisión de 6 meses a 2 años de cárcel, mientras que su presunta pertenencia a organizaciones prohibidas, como sindicatos republicanos, partidos de izquierda o la masonería, lo expone a 2 a 8 años de prisión. Matías ya no volverá a dar clase. Esta sensación de angustia y sorpresa era parte del día a día en pueblos y ciudades de la isla durante la persecución del magisterio que desarrolló la dictadura franquista. Esta práctica de detención en la escuela era una herramienta de control social. Castigaba a quienes el régimen consideraba peligrosos y servía para sembrar el miedo: cualquier alumno, maestro o familiar comprendía que cuestionar la autoridad podía costar la libertad. La escuela, que hoy es sinónimo de educación y seguridad, entonces se convertía en un escenario de terror. Todo esto se hizo realidad la pasada semana en un pueblo de Guadalajara. Una recreación impulsada en un instituto de La Alcarria que ha vuelto a poner en valor una técnica que allí conocen como sorprendizaje: aprender a través del impacto. El sobresalto se convierte en detonante del pensamiento crítico. No era la primera vez que la aplicaban, pero en esta ocasión tenía un peso especial: servía como arranque del proyecto sobre la Guerra Civil dirigido a los alumnos de 4º de la ESO. Una recreación así sería muy útil en Canarias para que niños y jóvenes conozcan nuestro pasado reciente y comprendan que el discurso que circula en TikTok de los partidos ultra, que buscan capitalizar la idea de una supuesta «libertad» para la juventud, representa en realidad un regreso a los momentos más oscuros de nuestro propio pasado. Con educación y realidad se combaten los discursos de odio y los mensajes totalitarios. No queda otra si la idea es avanzar en progreso. El objetivo principal de la enseñanza pública no es otro que formar personas críticas, autónomas y responsables, capaces de tomar decisiones propias y respetar la diversidad, garantizando que todos tengan acceso a esos aprendizajes sin discriminación. Los que hoy te hablan de libertad, ayer detenían a los maestros en las escuelas.

@luisfeblesc

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