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Opinión | Retiro lo escrito

A la verdad, ni caso

Cristina Valido en el Congreso.

Cristina Valido en el Congreso. / Efe

Hace mucho tiempo la verdad es un estorbo para las elites políticas, gente que incluso se indigna o les da un ataque de nervios si uno siquiera menciona la palabra. ¡La verdad, dice! Es intolerable. Los más prácticos, como Pedro Sánchez, ya no mienten. Mentir era forzar la verdad, violentarla, desintegrarla. Ya no resulta necesario. En ese sentido Pedro Sánchez se descubre como un político posmoderno. A la verdad no hay que hacerle ni caso. No se trata de silenciarla o invisibilizarla, sino, simplemente, de desocuparse de ella. Es como una mascota: si no la alimentas, atienda y cuidas, enloquece y muere. Lo que pretende hacer pasar un político como Pedro Sánchez como un diálogo en el espacio público –lo mismo le ocurrirá en privado– es simplemente una impresión, no un mensaje ni nada que se articule lejanamente con una verdad fáctica. Como todo este proceso lleva años –incluso lustros– de parsimonioso desarrollo, terminamos aceptando casi imperceptiblemente este fraude y su profunda y destructiva inmoralidad, aunque se llegue a extremos demenciales.

Ayer el presidente Sánchez le dijo a Cristina Valido que el proyecto de los presupuestos generales del Estado para 2026 «le van a sentar muy bien a Canarias». Es un artista de las fake news más vanguardistas, porque el jefe del Gobierno español sabe perfectamente que no podrá aprobar ningún proyecto presupuestario, ya que carece de mayoría suficiente en el Congreso de los Diputados. ¿Cómo le pueden sentar bien a Canarias unos presupuestos que no se van a aprobar? Es como probarse un abrigo en una tienda para luego no poder llevártelo. Mejor: es como ver en el escaparate un abrigo coqueto pero no poder entrar en la boutique. ¿Qué sentido, por tanto, guarda la soberana memez pronunciada por Sánchez con su mejor sonrisa de tuberculoso inmortal? Ninguno, salvo la impronta de su buen rollo. Expresar su buena voluntad todopoderosa. Superar las molestias de la realidad con un breve ejercicio de empatía. Inmediatamente después el presidente se dedicó impúdicamente a presumir de cuánto dinero mete en Canarias con cifras –digamos– sumamente discutibles. Cifras tan reales y comprobables como los presupuestos generales para el venidero 2026.

El líder socialista –que seguirá siéndolo porque es el principal valor electoral del PSOE y a la vez su lastre insuperable– se cuidó muy mucho, sin embargo, de avanzar nada en concreto. Nunca lo hará. Ni siquiera cuando Valido se permitió observar a Sánchez que en lo referido a la financiación de Canarias distinguiera entre los recursos inyectados por los distintos ministerios y los derivados del Régimen Económico Fiscal y sus instrumentos. Segundo silencio: ni una palabra sobre la actualización de las tasas aeroportuarias y las compensaciones a los costes del transporte marítimo de mercancías. Salvo ampliar la sonrisa solidaria desde el banco azul. Y tercero y, por supuesto, lo más relevante desde un punto de vista estratégico: ni el presidente ni su ministro de Economía ni ningún otro responsable se han pronunciado acerca de la amenaza de nacionalizar la financiación de proyectos y programas de las RUP que, hasta el momento, se consignaban directamente a los gobiernos regionales. Tal vez porque Sánchez –siempre hambriento de pasta, la tenga o no– no lo vea como una amenaza, sino como una oportunidad. Lo cierto es que mientras las autoridades de Francia y Portugal han manifestado su rechazo razonable y razonado a la autonomía de las RUP (e incluso a su propia existencia a medio y largo plazo) el Gobierno español sigue envuelto en un escamante silencio.

Canarias se enfrenta en el próximo año a un alud de incertidumbres con un modesto paraguas político y competencial, en una UE en crisis y con un gobierno central que parece decidido a perpetuarse en el poder a través de un choque institucional en toda regla. Lo que necesita toda España imperiosamente –empezando por nosotros– son elecciones anticipadas y trazar consensuadamente una estrategia para lo que se nos viene encima.

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