Opinión | El RECORTE
El fénix del ingenio político

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su salida del Congreso este jueves. / José Luis Roca / EPC
Cuando Pedro Sánchez se enfrentó en las primarias a Susana Díaz y Patxi López, algunos en su partido estuvieron escarbando en la vida de su familia política, para ver si le podían meter una sauna por el ojo. Pero, por lo que sea, la sangre no llegó al río. Ahora, toda esa basurilla vuelve a salir con el olor a cloaca que se desprende de esa especie de dúo Sacapuntas que forman Leire Díaz, una militante ejemplar, como Koldo, y un empresario progresista llamado Pérez Dolset. Los dos están declarando ante la Justicia por sus gestiones para conseguir información sucia de guardias civiles, jueces y fiscales hostiles a Moncloa.
Leire Díez podría haber estudiado ingeniería aeroespacial. Tiene una mente tan deslumbrante que fue a proponerle un trato, a cambio de mierda ajena, a un fiscal al que el Gobierno le había jodido la carrera. Y no solo eso. Le ofreció al director de El Español, Pedro J., un vídeo de contenido sexual de un fiscal. O sea, al único director de toda España al que las cloacas del PSOE le sacaron un vídeo sexual para intentar acabar con él. Eso sí es tener vista de águila.
Aunque Sánchez es invulnerable, inasequible e inaprensible, su corte de los milagros se desvela por mantenerle a salvo. Susana Díaz, que se enfrentó a él en las primarias, le llamó mentiroso. «Yo no digo que tu seas voluble, Pedro. Tu vas cambiando de opinión según te viene bien (…) No se puede tener cada día de la semana una visión de España». La pobre. Terminó de tertuliana en televisión.
Nos hemos olvidado que Pedro Sánchez sobrevivió primero a los suyos: le mataron y resucitó. Pero es que, además, después apioló a Podemos. Y no contento con eso, se ha fagocitado a Sumar con un eructo satisfecho. ¡Vaya tío! Sánchez parecía, al principio, un mal imitador de Pablo Iglesias, que tenía todo aquello de lo que él carecía: una sólida formación intelectual y política. Aquejado de la enfermedad infantil del izquierdismo, llevó a su partido, el PSOE, la revolución de las primarias para dar un golpe de estado con la militancia. Y le salió bordado. Se cepilló a los barones y se hizo con el poder absoluto. Y después, como Vito Corleone, se los pasó a todos por la piedra. Por lo menos a todos los que pudo.
Finalmente, en un inesperado giro del guión, se quitó de encima al vicepresidente Pablo Iglesias, con quien se había dado el abrazo de Vergara, para que se presentara contra Isabel Díaz Ayuso en Madrid, solo para ver cómo lo destrozaba hasta tal nivel que acabó retirándose de la primera línea política. «No será tan listo quien cae de esa manera. El se va y yo sigo», habrá pensado de quien no le dejaba dormir tranquilo. Díaz Ayuso le dio dormidina.
Ahora, incansable, Sánchez escribe páginas imperecederas de una nueva versión del camarote de los hermanos Marx. La prensa le pregunta por José Luis Ábalos y él mira a los plumillas como si le hubieran dado a chupar un limón. ¿Por qué me hace usted esa pregunta? ¿Acaso soy yo el guardián de mis ministros? Mire usted, Abalos ya no está en el Gobierno. Ya no está en el Partido. Ya no está en… bueno, en el Congreso sí está, pero no está en el Grupo Socialista. Déjeme en paz.
¿Y Santos Cerdán?
¿Quién dice usted? Ah, sí. Ese. Confieso que aseguré que era inocente. Grité que le estaban haciendo una campaña de fango y bulos. Pero ya no está. Fue meterlo en la cárcel y dejé de pensar en él. Algo milagroso.
¿Y Koldo?
¡Pero qué disparate! Yo no puedo conocer a todos los militantes socialistas. Tenemos cientas de miles. Y me adoran porque soy guapo. No me acuerdo de esa persona de la que usted me habla.
¿Y qué nos dice de Leire Díez?
Es que no le pongo cara. Yo veo a muchas persones todos los días y como ustedes comprenderán no me puedo quedar con la matrícula de todo el mundo.
¿Y el empresario Pérez Dolcet?
¿El que tenía los audios que se grabaron en la sauna de mi suegro? Solo sé lo que he leído en los panfletos de la fachosfera. Nada. Ni idea.
¿Y el fiscal general?
No hay duda. Alvaro era inocente. Pero ahora es culpable. Es un fiscal cuántico, un gato de Schrödinger, que está vivo y muerto al mismo tiempo. Eso da idea de la modernidad de España.
¿Es consciente de que todo el que usted defiende y dice que es inocente acaba siendo culpable?
Cuando yo digo que alguien es inocente es que es inocente. Si luego le declaran culpable es que deja de ser inocente. Y ya sabe usted que no tengo problemas en cambiar de opinión. Yo no soy un fascista.
Y así vuela el Fénix del ingenio político. Libre de plomo en las alas.
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