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Opinión

Once poderes personales

Once poderes personales

Once poderes personales / El Día

Me gusta compartir contigo estos once poderes personales. Uno de los más significativos es que nos desprendamos de esa creencia popular que nos lleva a tratar a las personas como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Te la cambio por, tratemos a las personas como a ellas les gustarían ser tratadas… Este principio nos llenará de perspectiva, de ligereza y, de alguna manera, emocionalmente nos permitirá ceder más que contener.

Un segundo poder es la timidez, que hemos querido ir superando a todo tren, mientras nos perdíamos ciertos momentos. Restarle al fenómeno de la autocategorización personal, para irnos al de la practicidad y de la oportunidad. Desarrollemos estrategias sin categorizarnos. Hoy, la timidez, es un valor con el que estratégicamente se juega mucho en el marketing político. Así que hazlo tuyo; infinidad de liderazgos potentes son tímidos, lo único es que han desarrollado herramientas útiles para su despliegue público.

El tercer poder es la comunicación no verbal; nos entrenamos una y otra vez para modular, para que nuestra voz sea potente y equilibrada, para acordar nuestras pausas en el momento oportuno… Y qué hay de nuestros gestos, de nuestras miradas, de nuestra postura corporal… Y qué hay de ese análisis necesario posterior a nuestra intervención… Y qué hay de esos cargos públicos, cuya presencia pública en actos es fría y distante… Entrénate, analízate, y sé muy crítico contigo. La timidez no es distancia, no nos escudemos en categorizaciones. Podemos ser extrovertidos y fríos, y tímidos e inolvidables, es una elección.

El cuarto poder es sentirse candidato permanente; el primer año, el segundo, el tercero y, por supuesto el cuarto. Me gusta que no sea una cuestión de entrenarlo desde las acciones, sino desde el sentimiento; va de actitud para que puedas ser creíble. Y sentir que tu cargo es prestado…

El quinto poder es la valentía; para asumir la crítica y contrarrestarla, valiente para exponer tus valores. La valentía de pedir ayuda, de preguntar a ese núcleo no tan blando sobre ti, de analizar sin miedo, de caminar solo por la ciudad, de sentirte uno más entre tantos, de poder defender una idea y diseñar estrategias de valor, aunque sepamos que no serán diseñadas al gusto de todos. De mostrarte, sin miedo a ser vulnerable, porque la vulnerabilidad es seductora.

La valentía va unida a la identidad, que se convierte en nuestro sexto poder; no seamos partido político exclusivamente, seamos Marca Personal, y así le damos la vuelta a la endogamia partidista. Para finalmente, necesitar el partido de nosotros más que nosotros del partido… Dominar ese juego de equilibrio es necesario.

El séptimo poder, el de la fotografía política. Hoy, sin preparación y un buen profesional de la fotografía no eres casi nadie. No es una cuestión solo de imagen pública, va de autenticidad; de captar tu esencia a través de profesionales, creando un recuerdo y marca en la mente de las personas.

El octavo poder, sentirse capaz. Este poder que lleva implícito una Hoja de Ruta, que está determinada por hacer lo que dices. Esto está basado en el establecimiento de objetivos realistas, en el desarrollo de poner energías en lo que realmente nos importa; dosificando una media de nuestra fuerza para la generalidad de acciones y un nivel intenso para nuestras Acciones TOP.

Nuestro noveno poder está vinculado a nuestro autoconocimiento; la capacidad que tenemos de enfocar nuestra atención para analizar nuestros sentimientos y pensamientos, para prever nuestra reacción ante ellos. Eso nos hará gestionar nuestras emociones, diseñar y planificar nuestras acciones, qué delegar y qué no, vivir mucho más el presente y lógicamente priorizar.

Nuestro poder número diez es nuestra capacidad para recuperarnos. Me gusta decir que es importante asumir el tiempo que necesitas para recuperarte y salir del impacto que hayas vivido o sentido… Esa adversidad cuando es bien gestionada se vuelve casi una oportunidad; no refleja un análisis frío, sino un cambio de perspectiva ante la situación, para hacernos pasar de víctima a protagonista; y desde ahí superarlo, porque desde el protagonismo entendemos que el control de salir de esa situación es nuestro, desde la visión de víctima, el poder se lo entregamos a otros.

Nuestro poder número once, que va unido a ese número enigmático, va de interiorizar, como una clave vital, que nuestro poder personal no desaparece. Sencillamente, se desvanece en una nube de polvo que deja el mundo frenético y la velocidad a la que volamos… La energía que transmitimos es lo que gobierna nuestro liderazgo personal, mucho más que nuestras acciones. Esa energía que conecta con la otra persona para darle soporte, sacarla del lugar donde está o, sencillamente, re-ilusionarla…

El poder de la ilusión sigue siendo nuestro motor

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