Opinión
Salirse del marco

Lucía Feijoo Viera
El portavoz de Esquerra Republicana Catalana en el Congreso, Gabriel Rufián, ha lanzado una carga de profundidad en esa izquierda donde hasta hace pocos días se movía como uno más. Para ser expulsado del paraíso progresista sólo ha tenido que decir algo que contraviene gravemente las tesis del pensamiento único.
Rufián está preocupado. Con razón. Porque en la izquierda se está produciendo una quiebra entre pensamiento y realidad. Sin vincular directamente la migración con la delincuencia -una frágil capa de hielo- el político catalán pidió a sus compañeros progresistas no cerrar los ojos. Mirar aquellos barrios en donde la migración está provocando tensiones por la incapacidad de unos para integrarse y de otros para convivir. La inmigración, aseguró Rufián, «se tiene que basar en la seguridad, se tiene que basar en la integración y se tiene que basar en el respeto. Sí, el respeto, porque estamos en sociedades en las que todo el mundo tiene derechos y obligaciones, te llames Javier o te llames Brahim».
Con estas palabras desató la tormenta. Pablo Iglesias, desde Podemos, le respondió lacónicamente llamándole nazi. Lo cual es descriptivo, porque Rufián es nacionalista y es socialista. «Los nazis huelen la sangre como los tiburones. Comprar, aunque sea mínimamente, el discurso que asocia migraciones y seguridad, es un error. La inseguridad la provoca no poder pagar el alquiler, no los migrantes. Cada centímetro cedido a los nazis, les acerca más al gobierno», aseguró el podemita.
O sea, no se puede comprar «el marco» de la derecha. Aunque se base en parte de la realidad. Aunque esa cerril ceguera esté produciendo la pérdida de decenas de miles de votos de clase media en todo el país, que están yendo a parar a Vox o a Alianza Catalana. La inseguridad, viene a decir Iglesias, la provoca la pobreza: no poder comer, no poder pagar el alquiler, no tener trabajo… O sea, que los delincuentes lo son por ser pobres. Unos nazis y otros estúpidos. No hay cuatro millones de parados haciendo de carteristas en el metro.
El Gobierno vasco, a través de la Ertzaintza, ha presentado los indicadores de delitos en el País Vasco en lo que va de año y la pistola humeante señala que el 64% de los detenidos son extranjeros. Los datos oficiales de la Consejería de Interior de la Generalitat de Cataluña también reflejan que el 68% de los delitos cometidos en Barcelona, en lo que va de año, fueron cometidos por ciudadanos de nacionalidad extranjera. La izquierda puede seguir cerrando los ojos y los oídos a esa realidad, sobre todo si vive en un chalé a las afueras de Madrid, pero difícilmente le puede pedir lo mismo a la gente que vive en el barrio lo que se niega en palacio.
La migración nutre a las sociedades. El alimento nos aporta energía y el fenómeno migratorio fuerza de trabajo y crecimiento económico. Pero si comes demasiado puedes sufrir una indigestión. Los grandes flujos migratorios están complicando la metabolización social de la nueva población. Analizar qué soluciones se pueden dar en el terreno de la vivienda, el empleo y la prosperidad de quienes vienen es de sentido común. Y echar a los delincuentes, también. Excepto para quienes carecen de él.
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