Opinión | Azul y Blanco
María José Hernández García
¡Pelotazo a la vista!

Viviendas sociales en construcción. / ARTURO JIMÉNEZ
De un miope, claro. ¡Mira que tenemos problemas en Tenerife! Que si Juan vive en una furgoneta con sus dos hijos, que si Isabel pernocta en una cueva con su hijo que tiene problemas neurológicos, que si Mustafá, con sus tres menores, vive de ‘inkiocupa’ en un apartamento medio ruinoso en El Fraile (municipio de Arona)….
En otras ocasiones el alcantarillado se ha desbordado en la Playa de El Médano. Las aguas fecales campan a sus anchas por la playa. Entonces es cuando la bandera roja otea, junto con la orden de prohibición de baño, bajo riesgo de contaminación por caca.
La autopista del Sur (que en verdad es una carretera anchita) se atasca todos los días. Está bacheada, con tramos en amarillo que llevan años así. Es una vía llena de socavones y hecha a retales de piche de calidades mezcladas. Hoy se asfalta un kilómetro, el siguiente (kilómetro) lo dejamos para el mes que viene, o para cuando se acerquen las elecciones, como iluminada estrategia… Pero que es la de siempre, junto con las promesas habituales del hospital del Norte y del Sur. Mientras que el tinerfeño, sufrido canario, aguante. Y pague. Que para eso está. Esperemos y veremos, que falta poquito.
¡Nuestro querido Cabildo de Tenerife! Nostalgia de un Galván Bello que nunca más volvió.
El mismo Cabildo que, en frenesí de inteligencia derrochada, decide comprar 97 criptomonedas con un coste de 10.000 euros. Sin dilema moral ninguno, acordó ‘jugar a la bolsa’ con el dinero de todos los tinerfeños. Hoy valen, se dice, unos 10 millones de euros, doce años más tarde.
Ahora las quieren vender. La clase política del Cabildo, jubilosa, entiende que ha dado el pelotazo. Nunca repararon en que ninguna entidad bancaria seria acepta este negocio de las bitcoins. Seria, repito. Brilló un rayo de sentido común cuando el expresidente (del Cabildo) Pedro Martín criticó el carácter opaco de estas criptomonedas. La operación, sin precedentes en una administración pública española, se torna compleja.
Una de las principales fuentes de financiación del Cabildo es el AIEM (Arbitrio Insular de Entrada de Mercancías). Este impuesto es un sobrecoste que se añade sobre determinadas mercancías que entran en Tenerife. Como sabemos, casi todo nos viene de fuera. Pongamos, por ejemplo, el caso de la papa egipcia. Vendida aquí, en nuestros supermercados, el precio alcanza los 1,80 euros el kilo. Sin embargo, en origen, se vende por 0,40 euros el kilo.
Sí es curioso el caso del plátano, porque éste sí se produce aquí. Y, además, los productores reciben una subvención por hectárea cultivada; que también es dinero nuestro. Después se nos vende a más tres euros el kilo. En Península los consigues a dos euros o menos. ¿Cómo puede ser?
Pagamos por la entrada de alimentos, que se arbitra por el Cabildo, por el tratamiento de basuras (PIRS), que lo administra el Cabildo. El Consejo Insular de Aguas pertenece al Cabildo.
Jueguen a ricos cada uno con lo suyo. El contribuyente no subvenciona diversión.
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