Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Retiro lo escrito

Siempre en Francoland

Cuando murió Franco en 1975 el mundo dudaba razonablemente del futuro de España

Cuando murió Franco en 1975 el mundo dudaba razonablemente del futuro de España

Por fin llega la semana en la que se cumplirán los 50 años de la muerte de Francisco Franco. Es un alivio. El Gobierno español, o más exactamente a la mentefactura propagandística que habita en el complejo de La Moncloa fabricando consignas y relatos se le ocurrió en 2024 –aunque ya circulaba la idea en 2023– dedicarle una amplísima programación al cincuentenario, convertirlo en una efeméride. La premisa fue absolutamente engañosa. Insistieron que lo que se conmemoraría con exposiciones, debates y conferencias sería la llegada de la libertad con la muerte del dictador. Pero en noviembre de 1975 no llegó ninguna libertad a España. Simplemente el anciano espadón la palmó después de una terrible agonía. Para celebrar la recuperación de un sistema democrático y de las libertades públicas la única fecha razonables es 1978, cuando fue elaborada, aprobada y votada la vigente Constitución, tres años más tarde. Pero no es lo que le interesada al agitprop sanchista.

Lo que anhelaban el presidente y sus paniaguados es practicar una esgrima antifascista en un país cuya democracia parlamentaria es perfectamente homologable con la de cualquier país europeo. Más todavía: había que recordar a Franco tan intensamente que pareciera que España seguía siendo un país franquista. Porque carece de sentido combatir a Franco si el franquismo no estuviera vivo y coleando. O si se prefiere: resulta imprescindible mantener a Franco vivo y postular que la realidad española está llena de materiales franquistas para poder llamar a alguien franquista sin que parezca una ridícula extravagancia.

Y aquí que medio siglo más tarde la izquierda en el poder –un gobierno de coalición entre socialdemócratas, comunistas y poscomunistas y nacionalistas de izquierdas– insiste en que habitamos en Francoland. Un país enfermo crónicamente de fascismo, incurablemente manipulado por fuerzas reaccionarias que conspiran contra la democracia en las patronales, en los tribunales, en las Fuerzas Armadas, en las policías, por no hablar de una derecha indistinguible de una extrema derecha de alma golpista y espíritu escuadrista. La primera observación que se le ocurre a cualquiera ante este incomparable delirio oligofrénico es que el PSOE ha gobernado desde 1977 hasta hoy más de veinte y ocho años, cabe suponer que con el permiso del franquismo, y al parecer no han conseguido derrocar a la dictadura, aun controlando los ministerios y los presupuestos generales del Estado, por no hablar de comunidades autónoma y ayuntamientos. Que aviesos los franquistas y qué prodigiosa habilidad la suya.

Sin embargo esta patraña indigna –indigna porque nos trata como imbéciles– funciona entre muchos centenares de miles de personas. Gente que cree en la monstruosa pervivencia de un deep state que lo controla todo y no permite que Pedro Sánchez nos haga todo lo felices que él podría y querría hacernos. Por eso mismo el estado profundo fascista quiere destruirlo. Es una técnica con éxito: he tenido que leer y escuchar que los policías que se presentaron en la convocatoria del fantoche Vito Quiles en el exterior de la Universidad de La Laguna (como en la de Las Palmas) fueron a arroparlo y protegerlo y a pegarle a los estudiantes que protestaban. «Entre ellos se cuidan y se reconocen» escribía asombrosamente un tarado en la red X. Es importar recordar a Franco una y otra y otra vez. Franco Franco Franco. Recordar a Franco es la mejor coartada para descubrir espantados franquistas en el bar, en el gimnasio, en la playa, en el odontólogo, en la guagua, en una cola automovilística, en el equipo de anestesistas cuando está a punto de hacerte una colonoscopia, en cualquier sitio. Estamos rodeados de fantasmas con bigotito que van de putas y beben Soberano. No me parece superfluo que además de la oportunista propaganda monclovita para ganar de una vez la guerra civil el gobierno, abierto a la sociedad, promoviera los valores democráticos por encima de las condenas histriónicas a una dictadura que está muerta para siempre. La asignatura de Educación para la Ciudadanía desapareció en 2016. El PSOE no ha querido recuperarla.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents