Opinión
Siete guaguas gratis total

Guagua
Las guaguas en Canarias serán gratis total gracias a una nueva Ley de Movilidad Sostenible, que establece un descuento del cien por ciento en el precio de los billetes. Los campanarios se han vuelto locos y la gente, con razón, lo celebra. Y es tal la felicidad que algunos socialistas han olvidado –últimamente algunos tienen recurrentes problemas de amnesia– que el Gobierno peninsular se opuso inicialmente a esta medida. Que aprobó una subvención a los trenes que dejaba fuera a las guaguas. Y que solo fue después de un inmenso coñazo que se avinieron a razones que la razón sí alcanza.
El problema es que el servicio público de guaguas no es gratis. Hay que pagar los salarios del personal, el costo del combustible, los plazos de los créditos por la compra de vehículos… Cuando se dice que va a ser gratis para los usuarios lo que se deduce es que hay otros que van a pagarlo. Lo mismo que ocurre con la reducción del 75% del transporte aéreo. Y con el precio de la luz. Porque todo eso pertenece a ese amplio paquete de medidas de ‘compensación’ a los sobrecostos de la lejanía y la insularidad de esta tierra, que si se hiciera hoy un estudio andarían por los ocho o diez mil millones de euros.
Desde hace siglos, Canarias ha convertido la geografía en razón política. Primero conseguimos que nos dieran libertades comerciales y fiscales distintas a los del resto de los españoles. Aquí pagábamos muchísimo menos impuestos y podíamos comerciar libremente con el resto del mundo. Con la democracia y el autogobierno nos metieron en la misma clase que al resto de los europeos, pero como alumnos con necesidades especiales. De ahí que se creara eso de Región Ultraperiférica, para permitir ayudas de Estado, que están prohibidas en las reglas de juego de la UE.
Nos hemos especializado tanto en la ingeniería política de la discapacidad, que hoy somos unos verdaderos expertos. Nuestros hechos diferenciales se han consagrado en leyes y tratados, tanto en España como en la propia Unión Europea. Y toda esa literatura jurídica es, en el fondo, dinero. Impuestos que dejamos de pagar o subvenciones que nos inyectan en vena a través de decenas de complejos mecanismos fiscales. Se dice que sin la Ley del Régimen Económico y Fiscal la vida no sería igual en las Islas. Y es una verdad, pero no necesariamente positiva.
El Gobierno canario ha planteado hace muy poco un «Decreto Canarias» que es el último compendio de medidas especiales fabricado en la factoría de ideas nacionalista. Si el Gobierno peninsular lo aprueba y el Congreso lo ratifica, las Islas Canarias tendrán un nuevo chute que ayudarán a mejorar la vida de la gente. Políticamente y socialmente hablando será un pelotazo. Pero de alguna manera no dejo de pensar que con cada nuevo éxito avanzamos en un camino equivocado.
La dependencia define una relación de necesidad de una persona que, por razones de edad, enfermedad o discapacidad, necesita de la ayuda de otras personas para realizar actividades básicas de la vida diaria. Y no me gusta que la vida de Canarias se haya convertido en una relación de dependencia de otros. Otros que nos pagan las guaguas. Que pagan parte de nuestros viajes. Que pagan parte del costo de producir energía eléctrica. Que pagan por producir un kilo de plátanos y por transportarlo.
Me consuela pensar que los gobiernos del bienestar han creado muchas más situaciones de dependencia. Y que no somos una excepción. Pero mal de muchos consuelo de tontos. Todos sabemos que la manera de ser dueños de nuestros propios destinos es ser capaces de mantenernos a nosotros mismos, como hicimos cuando nos buscamos un trabajo y dejamos la casa de nuestros padres. La autonomía, personal y colectiva, consiste en poder tomar tus propias decisiones.
No es fácil emanciparse cuando, además, tienes un alto grado de decisión sobre tu vida. Cuando, ya adulto, tus padres te dejan llegar a casa a la hora que quieras. Canarias ha logrado un desarrollo y una calidad de vida notable, si echamos la vista atrás, miremos la época que miremos. Pero me preocupa que no nos preocupe depender. Que vayamos en una guagua que nos pagan otros sin pensar siquiera qué puede pasar el día en que no la paguen.
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