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Opinión | Análisis

Pedro Afonso

El latido de las Islas

Turistas en Playa del Inglés.

Turistas en Playa del Inglés. / ANDRÉS CRUZ

Dicen que el turismo es el corazón de Canarias. Que cada amanecer que ilumina sus costas trae consigo una promesa: la de un mundo que llega, respira, y se deja transformar por la belleza serena de este archipiélago.

Y es cierto. Cada visitante que pisa nuestras islas deja algo más que un recuerdo: deja movimiento, empleo, inversión, cultura compartida. Deja vida.

Durante décadas, el turismo ha sido mucho más que una industria; ha sido el sistema circulatorio de la economía canaria, conectando los sectores, impulsando a las pequeñas empresas y sosteniendo a miles de familias que encuentran en la hospitalidad su modo de vivir y de ser.

Pero los tiempos cambian, y con ellos cambian también las preguntas. Hoy no basta con ser un destino de éxito: hay que ser un destino sostenible, equilibrado y sabio. Las islas no pueden agotarse en su belleza; deben renovarse en su inteligencia.

La palabra «diversificación» aparece entonces como un eco constante. Sin embargo, conviene entenderla bien: no se trata de reemplazar el turismo, sino de acompañarlo. Porque el turismo no es una debilidad, es una fuerza. Lo que necesitamos es sumarle músculo, no sustituirle el corazón.

Agricultura de calidad, energías limpias, innovación tecnológica, economía azul, cultura y conocimiento: cada uno de esos caminos puede florecer si se nutre de la savia del turismo, no si se le opone.

El verdadero desafío no es elegir entre turismo o diversificación, sino tejer una red económica que se sostenga sobre ambas. Que el visitante que venga a disfrutar de nuestras playas encuentre también productos locales que contar, empresas innovadoras que admirar, comunidades sostenibles que respetar.

Que la marca Canarias signifique no solo descanso, sino también talento, modernidad y responsabilidad.

Porque el turismo, bien entendido, no se agota: evoluciona.

Es el punto de partida para una nueva etapa en la historia de las islas, una donde la prosperidad y la sostenibilidad caminen de la mano, sin que una pretenda eclipsar a la otra.

Si Canarias ha aprendido algo en estos años es que su mayor riqueza no está solo en su clima, ni en sus paisajes, sino en su capacidad de adaptación y su gente.

Y ese es, al final, el secreto de su éxito: seguir latiendo al ritmo del mundo, sin dejar de ser ella misma.

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