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Opinión | Somos nadie

Juan G. Luján

Claudia

Lluvia en La Laguna por la borrasca Claudia

Lluvia en La Laguna por la borrasca Claudia

Me senté a esperarla dentro de la cafetería. Habían desmontado la terraza por miedo a que ella rompiera las sombrillas y partiera las sillas y las mesas. Tenía mucha curiosidad por conocerla. Todos hablaban de ella. Quería conocer su voz, saber el color de sus ojos, descubrir si su cabello era liso o rizado. Era un encuentro meramente profesional para conocer cómo era ella, de la que todos hablaban.

Hace años Liliana Felipe cantaba Nos ven reír, nos ven luchar, nos ven amar, nos ven jugar, nos ven detrás de su armadura militar. Nos tienen miedo porque no tenemos miedo. Me llama la atención alguien a quien todos temen, incluso los aparentemente poderosos. Por eso tenía mucho interés en entrevistar a Claudia. Tras la alerta, el Mencey Clavijo volvió a llamar a Alfonso Cabello: «¿Cerraste bien la caja fuerte con el Decreto Canarias? No quiero que la cabrona de Claudia se lo lleve y se quede en papel mojado». El Mencey había quedado este jueves en un guachinche con una antigua amiga del instituto, pero suspendió la reunión, no quería arriesgarse a convertirse en el Mazón guanche. Los de Vox tenían una orden clara: «si la ven pasar le registran el bolso y si se niega llamen a Desokupa y que le roben el bolso y busquen su DNI. Si es española diremos que Claudia trajo lluvias muy buenas para el campo español y que los vientos fueron una brisa necesaria para refrescarnos. Si es colombiana o africana acusamos a Perro Sánchez de abrir la puerta a otra peligrosa ilegal, que podría destrozarnos el país».

El presidente del PP canario se reunió con su equipo y leyó en alto el argumentario recién llegado de Madrid: «Claudia es una maniobra del sanchismo para que no hablemos del juicio al fiscal general, de la corrupta Begoña y del hermano de Pedro Sánchez, no hay que hablar de Claudia». Ángel Víctor Torres se apresuró a llamar a Ricardo: «¿qué páginas guardaste del informe de la UCO para evitar que Claudia lo levante para el aire?, recuerda que son las que dicen que no hay mordidas, las de los mensajes del Koldo violador ponlas en la ventana, a ver si se las lleva esta jodida tormenta».

Todo eso pasaba mientras yo saboreaba una infusión de frutos rojos y miraba a la puerta de la cafetería de la avenida de Las Canteras. Las olas acariciaban la barra volcánica mientras en la arena unas viejas hacían Tai Chi. Los frutos rojos se enfriaban y Claudia no llegaba a la cafetería. Dicen que pasó por allí cerca, pero que su visita fue como la de Vito Quiles, que vino precedida de mucho ruido pero al final poco fuelle. El viento de Claudia de fuertes rachas, el de Quiles de frescos fachas, decenas de cabecitas en Gran Canaria y Tenerife, pocas neuronas y muchos gritos. Pero no nos confiemos que la historia ya ha demostrado que las alertas fascistas se cumplen más que las meteorológicas. Aviso.

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