Opinión | El recorte
El ‘Decreto Canarias’: un supositorio

El presidente Fernando Clavijo en una de sus intervenciones en el Parlamento de Canarias. / Álex Rosa
Un padre, llegado su hijo a cierta edad, le llama al comedor, le sienta en una de las sillas y le pone, sobre la mesa, una biblia por un lado y un fajo de billetes por el otro. «Hijo —le dice— estás llegando a una encrucijada en la que tienes que decidir qué vas a hacer con tu vida. Tienes que elegir: a un lado tienes el mundo espiritual y al otro el mundo material. Cada uno tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Te pregunto ¿qué camino vas a elegir?». El chaval se queda un rato pensativo y luego coge la biblia, la abre, mete dentro los billetes y se marcha a su habitación. Y el padre comenta admirado: «¡Anda! Si me ha salido del Opus».
El viejo chiste ha dejado de ser viejo y chiste. Hasta en la izquierda hay quienes han hecho lo mismo con El capital de Marx, metiendo dentro un fajo de chistorras. Lo que antes era un oxímoron ideológico se ha convertido en moneda común. Pero si el chaval del cuento hubiera sido canario se habría llevado el libro, la pasta y los muebles del comedor, dejando al padre sentado en el suelo.
Menos mal que Canarias en Madrid pinta menos que una pluma sin tinta. Porque si tuviéramos los diputados que tiene Cataluña nos habríamos traído hasta el acueducto de Segovia. Tenemos las guaguas gratis, muy a pesar del Gobierno peninsular, que se negó pero se la comió con papas. Y nos falta apenas un pelo para que la subvención del 75% al transporte aéreo se convierta en que nos paguen cada vez que levantemos las patas del suelo para volar. Todo eso lo hemos conseguido a pelo: dando el coñazo, mercadeando, mareando la perdiz y, cuando fue necesario, llorando como plañideras.
Ahora, porque llevábamos tiempo sin liarla, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, ha envuelto cuidadosamente en celofán un supositorio para remitirlo, con instrucciones de uso, a La Moncloa. Se trata de un ambicioso paquete de medidas para Canarias que van desde la gratuidad permanente y eterna del transporte público a la exención del 60% del IRPF para las llamadas ‘Islas Verdes’. Quieren que con todo eso se haga un ‘Decreto Canarias’, que vendría a ser como un chute de adrenalina en la economía de los canarios.
Hay gente que dice que es una «carta a los Reyes Magos». Es la misma que aplaudió hasta con las orejas cuando el Consejo de Ministros, celebrado en Las Palmas en el año 2009 por el amigo Zapatero, aprobó un plan para invertir 25.000 millones en esta tierra. Del plan nunca más se supo. Y del dinero menos. Pero en ese entonces muy pocos dijeron que aquello sonaba a cuento chino.
El Gobierno peninsular se enfrenta a una disyuntiva. Si no aprueba el decreto, quedará fatal. Asumirá el coste de cargarse algo que beneficia a los canarios cuando sería preferible echarle la culpa al PP. La tentación de Moncloa, por lo tanto, será podar algunas cosillas, aprobarlo y llevarlo al Congreso, para que la oposición vote en contra. Pero eso también tiene riesgo. Porque puede que los populares, influenciados por sus colegas de aquí abajo, terminen votando a favor, con lo que el Gobierno se vería en un brete al ver aprobado algo que, al menos en parte, tendría que cumplir. ¡Qué divertido es verles jugar en el recreo!
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