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Opinión | Análisis

Mi análisis de Mazón

Carlos Mazón saluda tras un acto en el Palau de la Generalitat, en una imagen de archivo.

Carlos Mazón saluda tras un acto en el Palau de la Generalitat, en una imagen de archivo. / Rober Solsona/EP

Me gusta compartir que la persona dentro del cargo público prevalece por encima de otras variables. Me parecen hasta aburridos los análisis interminables desde la política y para la política, y poco practicados los análisis sobre la actuación de un ser humano dentro del ámbito político. Este análisis no va tanto de la justificación o no de los hechos, sino de analizar los aspectos que puedan favorecer o perjudicar a la persona que desarrolla un cargo público.

Una trayectoria política habitual

Carlos Mazón inició su trayectoria profesional en el año 2003 junto a Eduardo Zaplana; su trayectoria ha estado marcada por una línea orgánica y funcional vinculada a la política, diríamos que casi en exclusiva, salvo cortas excepciones. Su recorrido se desliza entre cargos en gobiernos municipales, Diputación y Congreso... Una historia común por ser compartida por otros cargos públicos.

Quizás sorprendió desde el inicio de la crisis de la Dana su presencia y participación directa, rompiendo una regla casi esencial: no nombrar a un portavoz, junto a él, con una perspectiva mucho más técnica y de conocimiento del terreno. Mazón ha sido una moneda de cambio de una crisis, donde lo político se apoderó de la catástrofe.

Construir la credibilidad lleva años, perderla, cuestión de días…

La credibilidad es ese factor identificado con la fiabilidad y la confianza. Se crea porque configuramos o aplicamos una fórmula casi matemática cuyo resultado es la suma del conocimiento y la experiencia; eso refuerza un concepto de veracidad, que conduce a la memoria reputacional. Los factores personales están conectados con la integridad, y son el resultado positivo de las acciones intencionadamente positivas. La intención y la transparencia es un factor estrechamente vinculado con el éxito reputacional.

La dimisión de Mazón como cargo público llega tarde, por supuesto que sí, porque a veces no hay momentos para analizar el grado o porcentaje de responsabilidad; es que cuando estás ejerciendo tu cargo y no sale bien, eso tiene un coste. Y cuando eso sucede, no hay tiempo emocional que te permita ganar terreno para posponer lo inevitable; culpable en exclusiva o no, tienes que asumir tu renuncia.

Reducida vulnerabilidad

El ejercicio del poder es complejo, volátil y hasta peligroso. Cuando ponemos distancia de la realidad perdemos nuestros parámetros de seguridad. A veces, por malos asesoramientos, o por pensar que eso a nosotros no nos va a pasar, por la facilidad que tiene la erótica del poder para despojarnos de ausencia de vulnerabilidad; el poder nos hace creer que somos muy fuertes y mínimamente vulnerables. Y, realmente, nuestro grado de vulnerabilidad es alto cuando ejercemos el poder, pero somos incapaces de percibirlo así. Tenemos muchos factores en juego que potencian esa fortaleza ficticia de seguridad. Eso explica algo tan simple como toda la información que manejamos en WhatsApp o conversaciones que salen a la luz pública que parecerían como de ciencia ficción… La velocidad, nuestra inconsistencia, aprovechar el momento y la distancia que se construye alejadísima del riesgo, nos lleva a «sentirnos casi invencibles».

Análisis sesgados, sin visión igualitaria

Parece que el foco del problema está centrado en el encuentro privado de Carlos Mazón ese día, y además conlleva el análisis añadido de quién le acompañaba en esas horas. Seamos reflexivos y no tan juiciosos; preguntémonos por qué nos vamos todos a la síntesis de un encuentro privado. Deberíamos de ser más coherentes con los hechos y los protagonistas de esa secuencia. Yo también soy mujer y quizás me chirría un poco este foco casi mediático. Seamos más sinceros y honestos con nuestros valores, para contribuir a frenar los pensamientos polarizados y de índole menos moderno, con respecto a visiones de igualdad… Especialmente, para poder vender posteriormente argumentos ideológicos consistentes.

El ejercicio del poder está solapado con un atractivo casi indisimulado. Por eso, el poder es erótica, y psicológicamente está concluido en su afección personal la forma en la se percibe por la sociedad y la dimensión de esa influencia. Hay personas que se vuelven muchísimo más atractivas por el hecho de representar un cargo institucional. La atracción aumenta cuando se acorta la distancia hacia esa persona frente a otras, sintiéndose privilegiada, como elegida.

La soledad que proyectamos nos hace atractivos, y además si permitimos el acercamiento, rompiendo nuestras barreras, hacemos privilegiados a esos seres humanos. Al hacerlo, no solamente nos convertimos en vulnerables, sino que hacemos vulnerables a nuestra compañía.

Los acontecimientos, las dimisiones y las renuncias nunca son por una sola causa, refleja la suma de una casuística. Por eso los análisis aislados o excluyentes no tienen la respuesta. Cambiemos la cuestión, no es tan determinante donde estuvo Mazón, sino donde debió haber estado, y qué le movió a no estar.

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