Opinión | El recorte
Que pida perdón

Claudia Sheinbaum, presidenta de México. / Europa Press/Contacto/Luis Barron
El pasado del que venimos está repleto de sangre, sudor y lágrimas, pero también de sueños y gestas. Y el mayor error que se puede cometer es juzgar el mundo que fue con los cánones de hoy. No solo porque es una estupidez, sino porque el pasado es irremediable; solo se puede entender.
Siempre me han parecido sospechosos los que hablan más del pasado que del futuro. Son como los conductores que miran más el retrovisor que el parabrisas. Pero es que es más sencillo criticar lo que fue que construir lo que debe ser. Y en ese ejército milita el ministro de Exteriores de España, José Manuel Alvares, que ha pedido perdón en México, en nombre de España, por el sufrimiento causado en la conquista.
En el siglo dieciséis no existía México. Y tampoco España, en el sentido político moderno. Cuando Cortés desembarcó en Cozumel, en 1519, con seiscientos hombres, se enfrentó a un enorme territorio controlado por el imperio azteca. Y si Cortés y los suyos eran gente brutal, hijos de su tiempo, comparados con los mexicas eran monjas ursulinas. El imperio azteca era tan poderoso como sanguinario. Esclavizaba a otros pueblos y sacrificaba a miles de víctimas en cada una de las docenas de festividades que celebraban al año.
Cortés pudo acabar con los aztecas porque eran odiados. Por eso contó con el apoyo de numerosas tribus indígenas que estaban de Moctezuma hasta los mismísimos. Gracias a eso, a la viruela y a la falta de escrúpulos de los castellanos a la hora de cortarle el gaznate a quien se le pusiera por delante, acabaron tomando la capital del imperio, Tenochtitlán. El México que hoy existe nació de la mezcla entre españoles e indígenas, algo que difícilmente puede encontrarse en ningún otro proceso de conquista en el mundo.
A los gobernantes de hoy les resulta infinitamente más cómodo pedir perdón por los errores del pasado que por los del presente. Que lo hagan. La presidenta de México, Claudia Scheinbaum, tan feliz, ella, por la bobalicona intervención de Alvares, debería pedir perdón al pueblo palestino, masacrado desde 1947 por el pueblo judío, al que pertenece el linaje de Scheinbaum. Francia debería pedir perdón por lo que hizo en Argelia. De Alemania mejor ni hablamos. Inglaterra estaría tres horas pidiendo excusas desde Australia hasta la India. Y hasta los italianos, por lo de César en las Galias. En fin, que nos pasaríamos la eternidad pidiéndonos perdones retrospectivos por cosas que, por otra parte, son causas determinantes de que hoy estemos aquí.
Ya que la indigencia mental se está apropiando de los restos del Gobierno de España, que manda por ahí sus ministros a pedir perdón en nombre del extinto reino de Castilla, en Canarias deberíamos exigir formalmente a Moncloa una petición expresa de disculpas por la sangrienta Conquista de Canarias y el genocidio del pueblo guanche.
Que venga Alvares a las islas a bajar su engominada testa y a pedir perdón también a los canarios por la masacre y la extinción de los aborígenes. Estamos más cerca que Yucatán. Y nos mataron mucho antes. No lo harán. Porque todo es falso. Un subproducto residual de estos pusilánimes que nos ha tocado padecer.
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