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Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE

TINO PERTIERRA

Bill Murray, la cara más seria del humor incorregible

El actor de ‘Lost in Translation’, ‘Atrapado en el tiempo’ y ‘Los Cazafantasmas’ cumple 75 años

Bill Murray

Bill Murray

Feliz cumpleaños, Bill Murray. Son 75 otoños los que contemplan a este actor nacido en Evanston, Illinois, un 21 de septiembre. No sabemos si fue un bebé impasible ante las locuras del nuevo mundo, si ya tenía en la cuna la máscara de solemne comicidad que le llevó al estrellato. Pero divierte imaginarlo. Creció con sus ocho hermanos en una familia católica irlandesa. Le expulsaron de las aulas y su falta de disciplina arruinó su carrera deportiva. Se matriculó en Medicina pero le echaron cuando fue arrestado al intentar pasar marihuana en un aeropuerto. Como no podía estudiar ni trabajar, se puso a ver teatro. Y a probarlo.

Elipsis para llegar a Saturday Night Live, programa de televisión en el que se curtió entre 1977 y 1980. Podría pensarse que su estilo de humor no tendría recorrido, pero su expresión entre inmutable y sarcástica (a lo Buster Keaton) llamó la atención y empezó a aparecer con comedias gamberras y mal cocinadas como Los incorregibles albóndigas, que le puso en contacto con el director Ivan Reitman, futuro aliado en Los cazafantasmas. En El club de los chalados coincidió con otro realizador/actor que sería clave años después, Harold Ramis, aunque esta primera nadería no hacía presagiar que acabarían rodando Atrapado en el tiempo, sin duda una de las mejores comedias (muy románticas) de los años 80.

Antes había fortalecido su vis cómica con El pelotón chiflado y, aunque fuera un papel pequeño, en Tootsie, una liga mayor con Dustin Hoffman y Sydney Pollack. Listos para iniciar la gran carrera. En 1984 vivió el dolor y la gloria. Los Cazafantasmas le catapultó a la cumbre de las taquillas, aunque fuera una comedia con muchos efectos especiales y un guion más bien burdo sostenido por un reparto simpático con una esplendorosa Sigourney Weaver robando cada plano. Y se estrelló con una adaptación muy pulcra de El filo de la navaja, la novela de William Somerset Maugham que ya había tenido una primera (y mucho mejor) versión con Tyrone Power. Sirvió, entre otras cosas, para comprobar que Murray aún estaba muy verde y que los papeles dramáticos congeniaban mal con su semblante impertérrito.

¿Se volvió más cínico tras esta doble experiencia? Sus siguientes trabajos invitan a pensarlo: Los fantasmas atacan al jefe, Los Cazafantasmas 2, Con la poli en los talones...Pero entonces llegó Ramis al rescate y le ofreció el papelón de Phil, el hombre del tiempo de una cadena de televisión que vuelve un año más a Punxstawnwey a cubrir el festival del Día de la Marmota. Acertada comedia fantástica y romántica que se convirtió en un clásico al instante.

Y eso que su relación con Ramis acabó en desastre, en parte por el sentido del humor vitriólico del actor y su especial manera de entender las relaciones con sus colegas, como bien pueden atestiguar Chevy Chase o Richard Dreyfuss (le acusó de haberle tirado un cenicero a la cabeza en ¿Qué pasa con Bob?). Dos papeles pequeños pero jugosos en cintas de prestigio (La chica del gánster y Ed Wood) anticiparon el tirón de Murray entre cineastas más rompedores, al punto que Wes Anderson lo reclutó para Academia Rushmore y Los Tenenbaums.

La suerte estaba echada. Sin desdeñar proyectos nimios, Murray llegó pletórico en 2003 a un título fundamental que disparó la cotización de la directora Sofía Coppola y la actriz Scarlett Johansson recién salida de la adolescencia: Lost in Translation. Murray estaba perfecto como estrella de cine hastiada que viaja a Japón para rodar una campaña de publicidad y allí vive jornadas de amor imposible con una joven esposa perdida en el tedio y la duda.

Cada vez más minimalista («Viene del deterioro de mis habilidades. Así que cada vez voy a poder dar menos»), Murray arrastra fama de compañero problemático en ocasiones. El último episodio conflictivo llegó en el rodaje de Being mortal (2022). Una compañera le denunció por besarla por encima de la mascarilla. Él dijo que le parecía gracioso. Dos años después de los hechos, Murray, casado y divorciado dos veces, con seis hijos, llegó a un acuerdo económico con la denunciante.

Murray da mucho juego en la vida real a la hora de imaginarlo en situaciones absurdas. Hay pocas estrellas que inspiren tantos bulos y rumores de difícil verificación. Uno muy popular: vas por la calle y un desconocido que camina detrás de ti te tapa los ojos. ¿Quién soy? Te giras y ¿quién es? «Nadie te creerá», advierte Bill Murray. Y se va, feliz y chistoso. Bill robando a alguien una patata frita del plato de alguien o cogiendo un puñado de palomitas a un desconocido en el cine... «Nadie te creerá». ¿Seguro?

Aún no está claro si estas historias y otras muchas son ciertas. Lo interesante es que... las creemos.

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