Opinión | Risas y fiestas
Aida González Rossi
Popular vs friki

Popular vs friki / El Día
Mi prima y yo éramos, creía yo de pequeña, un poco iguales. Como un huevo abierto clac contra el poyo de la cocina y resulta que dos yemas en vez de una. Nacimos con tres meses de diferencia, y yo, aunque había una especie de gemelidad extraña, siempre la consideraba la prima mayor. Quizá es que la gemelidad clac quebrada por algunas fotos de, por ejemplo, mi bautizo, sacadas en un momento en el que noventa días sí se notan en el tamaño de los cuerpos o en una cara más o menos despierta o en. O quizá es que en la adolescencia, clac, los crecimientos paralelos se echan a perder chorreantes de lo putrefacto y el tiempo se vuelve el tiempo de cada una o el tiempo es una clara que rodea y cada quien tiene la suya, está claro, ¿o?
Éramos iguales pero espino espino pelo pelo y de pronto llegar al instituto y tener el pensamiento de: si estuviéramos en la misma clase y no nos conociéramos de nada, ¿podríamos ser amigas, en plan mejores amigas, o sólo seríamos esa cosa de mirarnos de reojo pf esta persona no pertenece nada a mi mundo y parece que (yo que sigo viendo dibujitos, aunque sean otros, y yo que no me junto en estos rituales de paso que se supone que son la adolescencia normativa, y yo que descubro que hay otras formas de vivir y cada mañana me despierto y no encajo en ningún lado y entonces para dónde me muevo y llego aquí y) (y, quizá en la mente de mi prima, yo que te veo que no entras aquí y me hablas de unas cosas que khé y ¿no podrías, no podrías?), y parece que (lo que significa mi timidez, lo que significa tu echadapalantez)? Éramos iguales pero ahora que ya tenemos treinta (adiós espinos adiós adiós) me comenta mi prima que ella tiene una teoría sobre nuestra generación: en casi todos los aspectos de la vida, nos seguimos moviendo desde la lógica popular vs. friki.
Por ejemplo: sin darnos cuenta, celebramos las personalidades extrovertidas y castigamos las introvertidas. Nos obligamos a ser tan pa fuera como un pedo. Y tenemos un mapa mental de cómo ser que filtra tan deprisa lo que encaja y lo que no que sin tener ni que pensarlo nos vemos guiadas por una especie de fuerza invisible que di esto, esto no. La normatividad parece una hoja en blanco sobre la que echamos otras cosas y sentirlo así es, en realidad, una costumbre. Mi primer impulso es pensar que esto tiene que ver con la cuestión de la heteronormatividad, pero creo que, aunque está por supuesto enredadísimo en ese hilo, va más allá y se cuela en otras cosas. La necesidad de encajar y ser bien vista es necesidad de protección y pertenencia, y me parece que la pertenencia debería ser otra cosa, y pienso ahora en la metáfora del huevo con dos yemas y me doy cuenta de que aprendemos a darle más importancia a lo que la tiene menos.
Porque en un huevo con dos yemas hay dos yemas.
Y supongo que las personas somos casitas propias llenas de gavetas propias y es hermoso que haya claras que nos unan: tejido de ambas en el que a partir de lo que tú eres y lo que soy yo se va formando algo conjunto, a partir de, salivado de.
Y si la clara de pronto, por la lógica popular vs. friki, normatividad vs. desnormatividad, se convierte en una mapa de suposiciones que: para mí, que siempre he estado en el lado friki, la cosa funciona justo así como estaba comentando. El espacio mutuo se convierte en un texto que debo leer a ver qué meto y qué dejo de mí. Pero creo que ahora, a los treinta, quizá hablando con mi prima ya pasado el complejo de ella es mayor debe guiarme (y entendido con el tiempo como: ella me parece mayor porque sus ritos vitales y sus temporalidades se parecen a los que se supone que yo iba a cumplir pero yo pues resulta que no los quise así), me doy cuenta de que nadie encaja solo con ser popular o ser friki, y, de hecho, quizá lo que me ha arrastrado a mí al lado friki es sentir que cuando ya te asumes como raro pues ya tienes más posibilidad de movimiento porque te deshaces de la yema y te consideras sola con tu propio tú distinto.
Y ni una cosa ni la otra, supongo.
Porque arrinconarte en eso te refuerza la idea de que la clara no es tuya. De que el mundo no es tuyo y las voces que se oyen son las de les demás. Y la tuya un hilito fino fino fino. Y entidad entidad entidad para quienes no. Y no ver, tal vez, la diversidad en otres. Todes somos frikis y todes podemos ser populares: quisiera ser adolescente de nuevo y explicármelo así. n
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