Opinión | Lo que los ojos no ven
Domingo Medina
Casa del corregidor
Históricamente se sitúa la fecha del comienzo de la construcción de este importante inmueble hacia 1540, estando finalizada en 1546

Casa del Corregidor. / E. D.
Dentro del conjunto de edificios que hacen esquina entre la calle de La Carrera y la plaza del Adelantado, proyectados en 1508 y que ocupó unos solares que estaban enfrente de las casas del Adelantado, que vivía, hasta su fallecimiento en 1525, donde hoy está el convento de Las Monjas Catalinas, se construyeron las Casas del Consistorio, del Gobernador (más tarde del Corregidor), la Audiencia y la cárcel. Al parecer, y según algunos historiadores, la construcción empezó por el tramo que da a la calle de La Carrera, edificio que sirvió primero para vivienda del gobernador y, más tarde, para el corregidor. En 1526 aún no estaba terminada la obra, al estar preso el maestro albañil por incumplimiento de la misma.
El primer Gobierno de la Isla se constituyó el 9 de julio de 1497, estaba formado por un gobernador, el primero fue Alonso Fernández de Lugo, seis regidores, dos jurados y un escribano mayor. Las primeras reuniones, a falta de un lugar donde celebrarlas, fueron en la casa del Adelantado. Más tarde las sesiones tenían lugar en la iglesia de La Concepción, en la casa del teniente de gobernador o del escribano e, incluso, en la de algunos de los regidores. Fue a partir de 1511 cuando empezó a utilizarse con cierta regularidad, como lugar de reunión, la ermita de San Miguel (Alejandro Cioranescu). La construcción de dicha ermita en 1506 se debe al Adelantado, que, en un principio, la quería destinar como panteón familiar. Una vez concluidas las distintas edificaciones ocuparon las dependencias las diferentes administraciones que gobernaban la Isla: Cabildo, Audiencia, Concejo, Ayuntamiento…
Históricamente se sitúa la fecha del comienzo de la construcción de este importante inmueble hacia 1540, estando finalizada en 1546, ya que en el pórtico de la entrada se puede apreciar la marca heráldica del gobernador Jerónimo Álvarez de Sotomayor, cuyo mandato terminó el 29 de diciembre del mismo año. Se da la circunstancia de que el Cabildo acuerda en 1548 que se corrigiera, «se quiten y rayen y se coloque el emblema de la corona». Sin embargo, el acuerdo nunca se hizo efectivo en este edificio. Lo único que conserva la edificación original es la portada de cantería roja, de estilo renacentista y de corte plateresco, que cuenta con elementos propios del gótico. De forma singular, en este pórtico se puede apreciar la triple heráldica que representa: a la izquierda, el escudo del gobernador; a la derecha, el de Tenerife, y, en el centro del cuerpo superior, entre las columnas abalaustradas, el escudo imperial de Carlos V.
Primer nombramiento de corregidor
Según la profesora María de Carmen Sevilla González, el establecimiento de los corregidores castellanos en las Islas Canarias se produjo entre 1631 y 1633. El primer nombramiento de corregidor como máximo mandatario en la isla de Tenerife coincide, también, con el nombramiento como capitán general y presidente de la Audiencia de Canarias. En ese momento se sustituye el cargo de gobernador por el de corregidor, recayendo dicho cargo en Jerónimo Boquín Pardo, con sede en la entonces capital de la Isla, San Cristóbal de La Laguna, en calidad de corregidor de «capa y espada» como «capitán a guerra» de Tenerife y La Palma. Este nombramiento nos confirma lo que afirmamos anteriormente, respecto a que, en un principio, la casa llamada de forma errónea, antes de 1631, por algunos historiadores como Casa del Corregidor no puede ser posible debido a que este cargo comienza en ese año, sustituyendo al del gobernador y, además, la edificación era de fecha anterior (1546).
Decíamos anteriormente que lo importante de este histórico inmueble es la portada que da frente a la calle de La Carrera y que, según el historiador Rodríguez Moure, «el 26 de octubre de 1543 se firma el concierto con los hermanos Sebastián y Francisco Merino para fabricar la pared a la entrada de la casa del cabildo y con Francisco Gil Díaz labrar la puerta de cantería en piedra procedente de las canteras de Tegueste, misma cantera de la que sacaba en 1545 Francisco Hernández los cantos del pretil que estaba labrando Francisco Merino». El resto de la fachada está formado por seis ventanas de guillotina en la planta superior y seis en la primera planta, instaladas de forma simétrica. Está adosado a la otra parte del edificio que da frente a la plaza del Adelantado. Durante varios siglos ha estado sometido a múltiples reformas, de tal manera que solo se mantiene del original su pórtico de piedra. Actualmente, forma parte de las dependencias del Ayuntamiento lagunero.
El Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop), siendo presidente el profesor Miguel Ángel Fernández Matrán, elaboró un informe entregado al Ayuntamiento el 15 de junio de 2017 que consistía en un estudio textural mineralógico-petrológico para la intervención de limpieza y consolidación de la portada de la Casa del Corregidor. Como consecuencia del mismo, y al comprobarse el estado de la piedra que forma el pórtico, se procedió a colocar una lona de protección que lamentablemente ha estado instalada hasta mayo del año 2025, fecha en la que el Ayuntamiento de La Laguna adjudicó las obras de restauración a la Fundación Canaria General de la Universidad de La Laguna, con un presupuesto de 133.750 euros y un plazo de ejecución de siete meses.
Origen de una leyenda
La inclinación de este tramo de la calle de La Carrera, que coincide con varias edificaciones, entre ellas, la Casa del Corregidor que hoy visitamos, dio origen a una leyenda que aún permanece en la memoria de los laguneros, que hace referencia a los amores clandestinos del hijo menor del Adelantado, Fernando, que por esta razón lo mataron. Su padre, Alonso Fernández de Lugo, mandó construir la inclinación que tienen los edificios en ese tramo de la calle, principalmente en los muros de sus viviendas, para no ver el lugar donde dieron muerte a su hijo en la Villa de Arriba. Algunas historiadoras, como María Rosa Alonso y Manuela Marrero, opinan que la historia como leyenda vale, pero la verdad se impone y es bastante menos romántica. El Adelantado no vivió en la Villa de Arriba, ni su hijo fue asesinado por amores. Fernando muere en realidad en Berbería, mucho más tarde, en una de las expediciones a la vecina costa africana. Sin embargo, el historiador Rodríguez Moure mantiene, de alguna manera, viva la leyenda, cuando dice que en la parroquia de La Concepción consta el enterramiento de «los hijos del Adelantado».
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