Opinión | El recorte
Gavilán o palomas

Archivo - El director general de Economía del Banco de España, Ángel Gavilán. / PIEDAD LOPEZ - Archivo
La buena noticia es que, a pesar de la nube tóxica política, la economía española crece. Lo dice el Banco de España en su informe anual que este año ha salido censurado. Algo que ha provocado la dimisión de su responsable, el director de Economía, Ángel Gavilán, por vergüenza torera. No le permitieron analizar el problema de las pensiones, de la condonación de la deuda o de las consecuencias de la reducción de la jornada laboral, entre otras hierbas. «Pon solo lo bueno», le dijeron. Y lo hizo, pero se fue del nido. El gobierno no quiere gavilanes, sino palomas mensajeras.
La economía española crece porque, entre otras cosas, lo hace el consumo público, que representa ya un 20% de la actividad económica producida a lo largo de un año. El consumo público engloba todo el gasto de las administraciones en servicios públicos y no incluye las inversiones, ni el gasto en pensiones, el desempleo o los intereses que pagamos por la deuda. Está dopado por el desvío de fondos europeos (por ejemplo se han desviado a ese capítulo siete mil millones Next Gen). Pero también han subido los ingresos reales de los hogares y el consumo de las familias. Apunten ahí las rentas del alquiler, vacacional y de larga duración, que han crecido notablemente y que dentro de nada van a apiolar con más impuestos y más regulaciones.
España alcanzó el año pasado el 92% del PIB per cápita medio de la Unión Europea, aunque siga por detrás de economías como Alemania, Francia o Italia. Son buenas noticias que, sin embargo, no ocultan importantes amenazas. Las que no le dejaron poner a Gavilán. El Fondo Monetario Internacional nos lo ha dicho clarito: la brecha se perpetúa entre lo que recaudamos y lo que gastamos. O sea, el déficit.
A ese desfase de vivir como un nuevo rico sin serlo se suma la precariedad del sistema de pensiones, que tiene a los expertos con los pelos como escarpias, porque a pesar de la nueva fiscalidad que nos están cascando –mecanismo de equidad y aumento de cotizaciones– el hecho inevitable es que en solo cinco años tendremos solo 1,7 cotizantes por cada pensionista. Mal negocio. Siendo baja la cifra, es aún peor que las pensiones estén subiendo por encima de los salarios en un mercado laboral donde se ha disparado el trabajo precario y la temporalidad. Por pensar cosas así habrá perdido las plumas Gavilán.
La deuda pública se suele medir con respecto a toda la riqueza nacional que se produce en un año. Es una manera como cualquier otra de engañarse. Es como una familia que calcula lo que puede pagar de un crédito sobre la base de lo que ingresa en salarios. No es real. Debería calcular lo que le queda disponible para pagar la hipoteca después de asumir todas sus obligaciones: colegio, hijos, luz, agua, comida, viajes… En relación a los ingresos tributarios –los trescientos mil millones que «cobra» el Estado– nuestra deuda pública es astronómica. A pesar de que la inflación ha producido un aumento sin precedentes de la recaudación solo el gasto en pensiones está ya por doscientos mil millones y puede alcanzar el 14% del PIB en cinco años.
Hay suficientes señales de alarma como para empezar a tomar decisiones dolorosas que nadie parece dispuesto a asumir. Estamos en un periodo nefasto. Con un Gobierno débil, prisionero de pactos que le impiden afrontar medidas estructurales y con una oposición que no está dispuesta a soltar el hueso que lleva mordiendo rabiosamente desde que fue expulsada por una moción de censura «contra la corrupción» de la que salió herida de muerte.
La derecha quiere que Pedro Sánchez se ahogue, aunque sea en el naufragio general de España. Los catalanes y vascos le sostienen mientras le sangran. Y Moncloa no está dispuesta a hacer nada que implique sacrificios. Vive un agónico presente de gasto expansivo y no afronta reformas que aprovechando la buena marcha de la economía productiva atajen los graves problemas que nos vamos a encontrar a la vuelta de unos pocos años. El costo de las administraciones públicas no hace más que subir, el sistema de pensiones se dispara y la casa sigue sin barrer. Algún día lamentaremos el tiempo perdido. Pero no hoy.
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