Opinión | Análisis
Nos usaron con amor

Las patronales del turismo y la hostelería en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Ashotel y Aero, se reúnen con los sindicatos UGT, Intersindical, USO y FSC / María Pisaca
Todavía resuena la dulce oratoria de aquellos prohombres. Era el aderezo perfecto para el néctar empalagoso que desprendían los discursos del sector hotelero durante los tiempos oscuros de la pandemia. Poesía pura de Jorge Manrique. Imposible no emocionarse con su verbo patriótico pidiendo auxilio al populacho para reactivar a nuestro principal motor económico. Apelaban a los guanches, al gofio, a las papas bonitas y a nuestra canariedad profunda, porque durante el covid muchos se dieron cuenta que los tinerfeños existíamos más allá del personal de limpieza o de los camareros de la piscina que por cuatro euros trabajan de sol a sol. Nos pidieron que salvásemos el único verano en el que por una vez nos sentíamos importantes en esa jungla del sur de la isla. Y allá que fuimos, como fieles templarios, con nuestras mascarillas, nuestro gel y nuestras ganas de ayudar y disfrutar de hoteles que jamás nos hubiéramos podido permitir en tiempos de normalidad. Reservamos con ahínco y nos sentimos honrados en el cortijo de los no residentes. Qué tiempos de luna de miel enamorados como colegiales. Sin embargo, el amor verdadero es tan efímero como mentiroso. Y sí, se fueron los días de vino y rosas. Qué breve fue el idilio; qué rápido se desvaneció la magia cuando regresaron los turoperadores con 15.000 turistas dispuestos a no salir del hotel a base de ron y hamburguesas. Ilusos los que sucumbimos ante el amor becqueriano y afortunados aquellos que nos avisaron de una pasión más falsa que la de Bassanio a Porcia en El mercader de Venecia. Nos usaron con amor y nos dejaron por dinero. Lo que antes era «queremos al turismo local» se convirtió en «si no puedes pagar 400 euros la noche, siempre puedes irte de acampada». Ahora podemos seguir mirando a los rusos que desayunan cava en la terraza del hotel que ayudaste a mantener abierto con tu dinerito del ERTE. Pero, oye, que están en todo su derecho. Los paquetes turísticos dirigidos al mercado extranjero son más atractivos, más completos y más baratos, por eso, el turista local es un mero complemento. Durante la pandemia fuimos necesarios, pero en tiempos de vacas gordas, volvemos a ser invisibles. En la mayoría de los casos, lo que se ofrece a los canarios es poco más que un chiste de Manolo Vieira. La conjetura es clara: Los empresarios turísticos calculan el ingreso medio por cliente y el gasto medio en destino. Muchas ofertas internacionales son subvencionadas parcialmente o negociadas en bloque con turoperadores, lo que permite ofrecer precios más bajos al turista extranjero. Es cierto que no existe ninguna obligación legal que regule el trato comercial hacia los residentes, ni tampoco beneficios fiscales específicos por ofrecer tarifas especiales a los canarios. La mejora de las condiciones laborales de los trabajadores del sector la dejamos para otro día, que ellos viven en una pandemia continua. Cuando pintan bastos, nos llaman hermanos; cuando pintan euros, somos unos primos.
@luisfeblesc
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