Opinión | RETIRO LO ESCRITO
El congreso ergonómico de Ñúñez Feijóo
¿A quién encarga Núñez Feijóo y su equipo la mentefactura de su política de comunicación? ¿De verdad que todo es obra (o escombro) de Luis de la Matta, el periodista que el presidente se trajo de Galicia?

Archivo - El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 10 de abril de 2025, en Madrid (España) / Fernando Sánchez - Europa Press - Archivo
El domingo publicó El Mundo las conversaciones wassaperas entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos. No sé si difundirlas es estrictamente delictivo o no, pero su contenido, por supuesto, es noticioso, tiene un inocultable interés informativo. ¿Cómo no lo van a tener los análisis, las descalificaciones y los denuestos entre el líder del PSOE y jefe del Gobierno y su secretario de Organización? A ver si los jodidos genuflexos (Antonio Maestre y otros memos paniaguados) dejan de hacer el imbécil. ¿Están dignas de comentario las conversas entre Mariano Rajoy y Luis Bárcenas pero sobre esto no sabe decir una palabra sin convertirse en cómplice de un crimen? ¿Desde cuándo el periodismo no puede referirse a conversaciones privadas de responsables públicos sobre asuntos públicos?
Ayer lunes, por supuesto, se conocía cuál sería obviamente el asunto central de la agenda informativa. ¿Recuerdan el partido –astuto y justificado– que le sacó al PSOE a frases como Luis, sé fuerte? Pero el Partido Popular parece que no está para las pequeñeces que más o menos acumuladas se denominan la realidad. Ayer fue el día elegido por Alberto Núñez Feijóo para anunciar la inmediata convocatoria de un congreso extraordinario del Partido Popular.
Por pura compasión –la compasión, recuerden, es a menudo una expresión de la vergüenza ajena– no voy a referirme a la comparación de Ñúñez Feijóo entre el pasado cónclave que eligió al último papa y el venidero congreso de los conservadores españoles. En fin, el gallego justificó la celebración de un congreso extraordinario el próximo julio para evitar que les coja por sorpresa un adelanto electoral, de manera que el PP esté «perfectamente operativo» para enfrentarse a una nueva batalla electoral.
En realidad el PP lleva sin celebrar un congreso nacional desde 2017, con Mariano Rajoy en la presidencia del partido y del Gobierno central. El Congreso de 2022 fue –también– de carácter extraordinario: una respuesta fulminante para elegir al sucesor de un Pablo Casado que se dio a la fuga. El aparato y los barones exaltaron a Núñez Feijóo y se acabó el congreso. El máximo órgano de representación del partido, por tanto, no ha conocido un verdadero debate político, estratégico y programático desde hace ocho años.
Los ocho años de la insurrección independentista en Cataluña, de la llegada de Pedro Sánchez al poder, de la crisis pandémica del covid y su impacto económico, de la amnistía y de la cooptación de las instituciones por una socialdemocracia polarizadora que ha llegado a resucitar a Franco para aplicar a toda la derecha la condición de franquistas. En todas y cada una de estas situaciones la improvisación del PP, su estrategia gallinácea, su despiste y su torpeza han sido sorprendentes. ¿A quién encarga Núñez Feijóo y su equipo la mentefactura de su política de comunicación? ¿De verdad que todo es obra (o escombro) de Luis de la Matta, el periodista que el presidente se trajo de Galicia?
Es altamente improbable que Sánchez decida convocar elecciones generales este año. Sería convocarlas para perderlas. El señor presidente dispondrá del apoyo de los independentistas catalanes mientras siga adelante la discusión técnica sobre el diseño del cupo catalán. Y esa discusión no está congelada en absoluto. El objetivo es que el próximo año –muy probablemente a partir del otoño de 2026– la Generalitat recaude todos los impuestos en el territorio catalán.
Hasta que se produzca esta catástrofe –lo será para Cataluña y el resto de España– ni ERC ni Junts harán caer a Sánchez, y mucho menos el PNV, con quien comparte gobierno en Victoria. No: Núñez Feijóo quiere galvanizar su liderazgo, quiere un chute propagandístico de titulares y telediarios, quiere modificar las normas del sistema de primarias, quiere repartir por fin premios y castigos como un dios menor que, lleve o no gafas, en realidad no llega a meiga.
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