Opinión | Tribuna abierta
Alemania en obras

Alternativa para Alemania dice que su clasificación como extremista es un golpe a la democracia
Para comprender la situación en que se encuentra el que llaman el motor económico de Europa, no hay más que fijarse en el lamentable estado de puentes y carreteras.
Salir de Berlín el día que sea de la semana por cualquiera de las autopistas que rodean la capital requiere paciencia infinita, dadas las continuas obras en marcha, que parecen no tener nunca fin.
A lo que se suman filas interminables de camiones, muchos de ellos de países sobre todo del Este de Europa como Polonia o los bálticos, que transportan todo tipo de mercancías a cualquier otro lugar del continente.
Sucede con Alemania como con el resto de los países europeos, que continúan privilegiando el transporte por carretera, infinitamente más contaminante que el ferroviario, pero no parece que importe a las autoridades.
El semanario Der Spiegel publicaba recientemente un largo artículo en el que denunciaba el penoso estado de las infraestructuras del país, sobre todo de sus puentes.
Y se fijaba sobre todo en el derrumbamiento de uno de ellos, el puente de Carola sobre el Elba, en la ciudad de Dresde, hecho que parece simbolizar la profunda decadencia en que hoy se encuentra la otrora potencia económica del continente.
De los alrededor de 130.000 puentes que existen en el país, mucho más de un diez por ciento necesitan reparación urgente.
Décadas de ahorros presupuestarios de esa potencia exportadora han llevado a la situación actual. A lo que se suma el aumento exponencial del tráfico por carretera, sobre todo el de camiones, desde la ampliación de la UE.
Pero lo que parece preocupar sobre todo en este momento a las autoridades de Berlín es cómo ese deterioro de las infraestructuras puede afectar negativamente a la movilidad de los ejércitos en caso de guerra con Rusia.
Debido a su situación geográfica en el centro de Europa, Alemania es la placa giratoria por la que, si estalla ese conflicto, que algunos prevén para dentro de un máximo de cinco años, deben pasar tropas y armamentos con dirección a las fronteras rusas.
Es fácil imaginarse qué puede ocurrir con muchos de esos 19.000 puentes necesitados de reparación urgente si comienzan a pasar por ellos camiones cargados de misiles, obuses o pesados carros de combate.
El problema de la mayoría de los puentes tiene que ver con la corrosión y la mala calidad de muchos de los aceros empleados en su construcción, sobre todo en los de la antigua República Democrática Alemana: es lo que ocurrió, por ejemplo, con el puente de Dresde.
Los expertos aconsejan colocar en los puentes micrófonos capaces de detectar eventuales fisuras en el acero tensionado.
La lástima es que el reconocimiento de esos fallos tenga que ver sobre todo con la posibilidad de un conflicto armado. Pero es para lo que se prepara el país de Ursula von der Leyen.
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