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Opinión | En el camino de la historia

Los apátridas de Tinduf

Frente Polisario: medio siglo en busca de la independencia del Sáhara Occidental

Frente Polisario: medio siglo en busca de la independencia del Sáhara Occidental

Sentirse apátrida debe ser una flagelación interna que conduce al abatimiento, a la despersonalización programada por gobiernos que son muy suyos y que enarbolan en cualquier actividad un proteccionismo a ultranza para los que pertenecen a su nación, cuyos derechos están garantizados, mientras a los otros, a los apátridas se les vitupera y persigue.

De ahí que, refiriéndonos a la nacionalidad de los saharauis, salvando la redundancia, esta es la saharaui, pero como la República Árabe Saharaui Democrática no está reconocida por todo el mundo, para viajar necesitan un pasaporte provisional argelino o mauritano. En los campamentos de Tinduf, se encuentran 175.000 saharauis , en una tierra prestada por Argelia en la que dependen de la ayuda internacional para subsistir, donde actualmente casi el 90 por ciento están al borde de una tragedia humanitaria al padecer inseguridad alimentaria, según el Plan de Respuesta 2024-2025 consensuado para esta emergencia humanitaria por un consorcio de 28 entidades de la ONU y ONG que trabajan en un lugar donde la ausencia más plena de sentirse perteneciente a su nación se encuentra marginada por Tratados que se firman entre determinados países sin contar con la legalidad internacional.

Sangrante y desesperante cuestión que tiene pocas esperanzas de solucionarse, a pesar de que el Sahara Occidental es un territorio a descolonizar según las Naciones Unidas que exige ejercer su derecho a la autodeterminación. Aunque los ministros Exteriores de Marruecos y España recientemente reunidos en un encuentro en Madrid han vuelto a reincidir y defender los planes autonomistas de Rabat, que considera al Sahara Occidental «nuestra querida provincia del sur» . Asunto que el presidente Sánchez, en su momento, asume y defiende sin más discusión, ni parlamentaria, ni siquiera como decisión del Consejo de Ministros en el más flagrante despropósito antidemocrático; olvidándose de que en abril del 2019, en su programa electoral: «la solución del problema del Sahara Occidental vendría dada por las resoluciones de Naciones Unidas que garantizan el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui».

Cuestión esta que ha repercutido en la delimitación de las aguas que Marruecos ha enfatizado no se hará de forma unilateral y que las soluciones con la frontera marítima canaria se buscarán con diálogo y consenso en las distintas conversaciones que se tienen, asumiendo lo adoptado por el parlamento marroquí en 2020 que valida dos leyes declarando su soberanía sobre las aguas del Sahara Occidental. Con estas leyes, además, define sus zonas marítimas que vienen a delimitar las 12 millas de las aguas territoriales, las 200 millas de la Zona Económica Exclusiva y las 350 millas de plataforma continental, para armonizar sus leyes internas con la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar creando graves problemas de solapamiento en las fronteras marítimas con Canarias, explotando sus recursos y su riqueza , con la intención de llegar a 250 millas al oeste de la isla de El Hierro en busca de la riqueza del monte submarino Tropic.

La ausencia del citado referéndum y la consolidación de la posición de Rabat compromete el regreso de los refugiados que llevan años esperando por una libertad que se ha eternizado en el tiempo convirtiéndose en apátridas por excelencia, encontrándose, además, con un muro de una longitud de 2.720 kilómetros construido por Marruecos en territorio ocupado del Sahara Occidental , difícil de romper.

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