Opinión | El ruido y la furia
Equilibrio
Aunque todavía no ha tomado posesión, Donald Trump ya está dejando claro que va a llevar al mundo a una situación límite

Donald Trump, presidente electo de EEUU, junto al magnate Elon Musk.
Tengo escrito por ahí, en unos versos que quizás nadie ha leído, que «en medio de la noche parece imposible el día, del mismo modo que en mitad del día parece imposible la noche». Sin embargo, basta echar un vistazo alrededor, o recordar los saberes antiguos (esos que ahora despreciamos con tanta displicencia porque somos demasiado modernos y demasiado ególatras para reconocer que otros, en otro tiempo, también sabían), para comprender que todo el universo se basa en el equilibrio, que entre la baldosa blanca y la baldosa negra, del mismo modo que entre el yin y el yang, hay una línea divisoria que es, realmente, el espacio que importa, el de la armonía.
Aunque todavía no ha tomado posesión, Donald Trump ya está dejando claro que va a llevar al mundo a una situación límite. Amenaza con anexionarse del modo que sea (esto siempre quiere decir de un único modo, por la fuerza) Groenlandia, el canal de Panamá, Canadá y no sé cuántos otros territorios más y a mí, no sé por qué, me recuerda otras invasiones de otros territorios y me espanto ante lo que vendrá después. El problema con Trump es que no tiene contrapeso. No parece que haya una fuerza que pueda hacerle frente, porque al otro lado no queda nadie. La Unión Europea no da la sensación de tener la potencia suficiente, ni económica, ni social, ni militar (tengamos en cuenta que la OTAN en realidad está dirigida por los Estados Unidos), para pararle los pies, y Vladimir Putin, más que nada, es un aliado, un gemelo de este nuevo totalitarismo que se nos ha venido encima.
No deja de ser sorprendente cómo los nietos de aquellos que cruzaron el océano para luchar en Europa contra el fascismo hace menos de un siglo ahora hayan entregado tan alegremente sus votos a este fascista y sus secuaces multimillonarios. La diferencia esencial con aquella ocasión es, precisamente, que ahora no se ve quién o qué podrá hacerles frente.
Como decía al comienzo, aunque nos pareció imposible la noche, está llegando. Europa, sumida en su propia crisis de identidad, entregando sus votos cada vez más a partidos de ultraderecha y a opciones radicales, no está en condiciones de hacer frente a la fuerza totalitaria que viene de Norteamérica impulsada por los ricos que quieren ser más ricos a costa de que los demás seamos sus esclavos. Si acaso, a esto solo se podría oponer la razón, el concepto humanista y la cultura. Pero ya se encargaron de desmontar todo eso hace tiempo atontándonos con pantallas y juegos, construyendo una sociedad infantilizada e individualista que no se da cuenta de que la fiesta está a punto de terminar.
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