Opinión | Sol y sombra

Buenos días, corrupción

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención en el congreso de UGT el pasado martes.

El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención en el congreso de UGT el pasado martes. / ZOWY VOETEN

Por si le faltaba algo a Pedro Sánchez, ahora una jueza extremeña ha imputado a su hermano por supuesta malversación y, con él, al líder de los socialistas extremeños. Los delitos que se investigan son, además, tráfico de influencias y prevaricación. Juan Lobato, el secretario de los socialistas madrileños, decidió dimitir víctima, según él, de un «linchamiento» político por parte de Ferraz, después de haberle salido mal la jugada de implicarse en la ofensiva contra Ayuso queriendo nadar y, a la vez, guardar la ropa. Esta vez ha sido un barón del PSOE el que ha puesto en evidencia, en cuanto a la confidencialidad de las informaciones que maneja, la credibilidad de La Moncloa, una máquina de generar bulos al mismo tiempo que asegura combatirlos.

Son tantos los frentes abiertos como senderos que se bifurcan para volver a encontrarse. Lo que la jueza extremeña investiga es si hubo irregularidades en la contratación del hermano del presidente del Gobierno y si las prestaciones de este para la Diputación de Badajoz, no demasiado aclaradas, se encuentran por debajo de los elevados ingresos que supuestamente estaría percibiendo. Detrás de las denuncias están Vox, Manos Limpias, Abogados Cristianos y HazteOír, entre otros colectivos fiscalizadores asiduos en estas causas. Como anteriormente también lo estuvieron algunos de ellos en las que afectaban a distintas familias políticas y a diferente escala. No hay que olvidarse de las acusaciones que se plantearon contra Bárcenas, Cristina de Borbón y Urdangarín. Lo verdaderamente sustancial, creo yo, no es preocuparse por quién denuncia, sean manoslimpias o piesnegros, sino por la dimensión del propio delito denunciado y por la impunidad de los supuestos delincuentes. Nadie es culpable mientras no se demuestra lo contrario, pero entretanto no conviene desviar el foco de lo que en realidad resulta punible y significativo. Y lo significativo ha empezado a significar mucho para la honorabilidad del PSOE y del propio Gobierno, cercados por un incendio que se aviva día a día y cada vez cuesta más apagar. n

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