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Opinión | Risas y fiestas

No escribo sobre mi hermana

No escribo sobre mi hermana

No escribo sobre mi hermana / El Día

Mi hermana me pregunta a veces por qué no escribo sobre ella. Yo creo que en la nube de cosas que sabes que va a suponer de ti esa persona hipotética que imaginas que se lee todos tus textos (esa persona que no existe, claro, pero la nube sí que existe, claro, y tú la sabes formada por todo lo que te genera un interés muy concreto y no por lo que, claro, te ha sucedido o te importa) no debe aparecer que tengo una hermana. Pero la tengo, y es la persona con la que he compartido más cosas y junto a la que he formado muchísimo de lo que pienso y siento. Si me preguntaran por una identidad que haya tenido yo muy presente siempre, diría: la de hermana. Soy hermana mayor, hermana de Irene, y tiendo a agarrar de la muñeca a la gente de más o menos confianza con la que ando por la calle cuando tenemos que cruzar un paso de peatones. Ser hermana está metido en mi cuerpo.

Esto me hace pensar en las cosas que se quedan fuera de la escritura, en por qué permanecen ahí en el umbral esperando metiéndose el pelo detrás de la oreja con cara un poco triste por no haber entrado, en qué presencia tienen realmente. La nube de cosas escribibles, como decía antes, no tiene que ver en realidad con lo que te ha sucedido o con lo que eres en un sentido literal, sino con otros estímulos: ¿tal vez lo que no entiendes? ¿Tal vez lo que odias? ¿Tal vez lo que te ha hecho transformarte? ¿Tal vez lo que no hace daño a nadie si lo tecleas así medio disfrazado? Ojo, no estoy hablando sobre escrituras autobiográficas como tal. Para mí, y esta es una de las cuestiones literarias que más me divierten, lo autobiográfico está en las formas que adquiere el mundo de las historias que nos inventamos, las texturas de las relaciones de unos personajes que no tienen por qué ser nosotras pero están sacados de nosotras. El frío que narro es mi frío, porque es lo que conozco del frío. Si me puedo acercar a una historia tanto como para contarla en profundidad, es porque, consciente o inconscientemente, algo mío estoy usando.

Quizá no escribimos sobre lo que nos da miedo dañar. Quizá no escribimos sobre lo que no leemos. Quizá no escribimos sobre lo que no creemos que vaya a entenderse. Ahora me pregunto cuántas de mis escritoras favoritas tendrán hermanas muy cercanas, hermanas con las que jugar a la play (o cualquier equivalente, ya sea por época o por intereses) pasándose el mando por turnos pero funcionando como un solo cerebro que toma decisiones conjuntas casi sin preguntarse. ¿Tiene hermanas Ottessa Moshfegh? ¿Emma Cline? ¿Laura Fernández? ¿Natalia Sosa tenía hermanas? ¿Y sus libros en los que no se habla sobre hermanas serían los mismos sin no hubieran existido nunca sus hermanas hipotéticas?

Si lo autobiográfico está en las texturas, en lo que miramos, en lo que somos, y si lo que somos puede cambiar tanto si nos faltan las hermanas (en mi caso, ya dije que me entiendo como hermana mayor), ¿no tiene sentido esto? ¿O acaso tiene sentido solo para mí por mi hermana en particular? ¿Por qué yo no escribo sobre ella y otras personas (por ejemplo, mi amiga Lana Corujo, otra escritora a la que admiro muchísimo) sí inventan hermanas para sus personajes y cuelan en sus historias de mentira pelos caídos en la ducha de hermanas de verdad?

Las preguntas de mi hermana (por qué no me nombras por qué no me nombras por qué por qué), creo, son para mí una enseñanza sobre los límites de la ficción. Límites distintos para cada una. Aquí los míos. Se me ocurre que estaría bien preguntar a escritoras a las que admiro sobre qué no escriben. Por curiosidad, no por cuestiones literarias. Qué salvan de las cuestiones literarias. Qué dejan existir quieto y tranquilo, sin deshuesar, sin conflictuar. Cómo es posible que la escritura pueda sentirse a veces como una gota de agua que impacta en el sitio justo y otras como un bicho largo largo que roba y pervierte sentimientos placenteramente inexplicables. Cómo se come y se bebe que el calco-sacado-de-la-misma-carne-pero-diferente tape, en ocasiones, los originales. ¿Me siento así por esa persona o leí que debo sentirme así? ¿Esto sucedió de este modo o lo escribí como supe?

Algo que querría decirle a una yo más joven, más ingenua y ¿más escritora?: la vida está por encima de la literatura y hay cosas que no vale la pena rascar. Otras que sí. Todas actúan. Pero algunas las ignoramos. Y no pasa nada. La escritura no es el mapa para entenderse y la nube, la nube es casi siempre injusta.

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