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Opinión

La luz ética de Europa

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, en Bruselas.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, en Bruselas. / Efe

Ante el creciente euroescepticismo, Europa no puede seguir con la venda optimista y postergar los problemas reales que la ponen en peligro como modelo más deseado de sociedad humanista. En una entrevista a un diario español el secretario de la Academia Francesa, el escritor franco-libanés Amín Maalouf iba más allá y hablaba de que las grandes potencias deben buscar un nuevo orden para salvar a la Humanidad.

Frente al voto euroescéptico, la desinformación de tantas fuentes “impunes” con bulos y comparaciones simplistas están creando distorsiones cognitivas que terminan influyendo en las creencias y en un voto más emocionalmente ciego que racional de aquellas personas peor informadas y más vulnerables socialmente. Ese porcentaje de jóvenes que votan a formaciones ultra parece tener un perfil similar en los países más poblados de la UE: mayoritariamente varones, menores de 30 años, canalizadores de su malestar a través de las redes sociales; también dan la democracia por sentada pero hasta 1/4 de ellos apoyarían en ocasiones un gobierno autoritario…, sin conocer seguramente los efectos secundarios de ese modelo, como bien sabemos por la influencia de los estilos educativos familiares en sus hijos e hijas (autoritario, democrático e indulgente).

Algunos resultados electorales más recientes (Francia y el Reino Unido con su cruz del brexit) muestran que ante el peligro del voto involucionista del miedo está el sentido común de la mayoría de la población, que reivindica “con urgencia” los principios y valores que sostienen la civilización europea. Un gen cultural que desde su matriz grecolatina humanista ha dado sus frutos cíclicamente en los siglos XII (rescate árabe de esa sabiduría antigua, etc.), XV-XVI (el Renacimiento) y en el XVIII, con el Siglo de las Luces, los Derechos del Hombre…

Valores que varias exposiciones recientes han recordado y celebrado en Francia y España como una base ética que ilumina Europa. En la capital francesa se han podido ver hasta el mes de junio, El gusto del Renacimiento, en el Hotel de la Marina, y La invención del Renacimiento (Biblioteca Nacional), haciendo esta un recorrido por los libros y obras clásicas rescatadas en la Edad Media que volvieron a iluminar aquellas mentes que dirigían o influían en sus países con los principios éticos de la dignidad y libertad de la persona individual a través del aprendizaje, el conocimiento y de una moral nueva más humanista… Y ver las salas llenas de alumnado multiétnico de secundaria conectado con su profesorado devolvían la fe en la experiencia didáctica fuera del aula.

También en España, la exposición -prorrogada hasta junio- de la Biblioteca Nacional madrileña celebraba un hito para el desarrollo económico y progreso social posterior, con el ingeniero y sabio canario del Siglo de las Luces Agustín de Betancourt y Molina que cambió para siempre la formación científico-técnica y la autoestima de la ingeniería civil.

Europa debe actualizar pedagógicamente su proyecto ético humanista, atendiendo prioritariamente a esos sectores de población más vulnerables al lavado de cerebro de grupos antidemocráticos y antieuropeos, y reinterpretar algunos de sus mayores problemas, como el de la invasión de emigrantes, en una oportunidad sociodemográfica –pero ordenada y solidaria– para formarles éticamente, capacitarles e integrarles social y laboralmente ante la baja natalidad y el envejecimiento acelerado de la población europea y su posible repercusión económica en salarios y pensiones.

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