Opinión | En el camino de la Historia
La odiocracia, el nuevo sistema de gobierno

Odio
Con la polarización de la política donde el paradigma vigente concluye “ estás conmigo o estás contra mi” da la sensación que lo que prevalece es la fuerza del líder al que se le debe plena obediencia sin apenas debatir sus propuestas y si se va un poco mas allá donde pueda existir un tibio cuestionamiento de las mismas el camino que se le señala en una política que además está profesionalizada es poco más o menos el del ostracismo, que no da rentabilidad alguna.
Y aunque la venganza soterrada, la envidia que se esconden tras el velo de la sospecha han existido siempre en el ámbito de la política y en las relaciones humanas, tanto como el odio que se genera, este por la relevancia que tiene se ha convertido en un nuevo sistema de gobierno, al cual , los que desarrollan la filosofía política, visto lo visto, han denominado “odiocracia”.
Por lo que en el espacio de la política la improvisación, la ausencia de reflexión, las emociones y los sentimiento son los que mandan y obligan a tomar decisiones donde muchas de las veces las actitudes de la elegancia parlamentaria y por los espacios que discurren los debates en las distintas tribunas y los múltiples mecanismos de redes sociales se sustituyen por la ramplonería del odio que va in crescendo hasta convertirse en una perfecta odiocracia.
Y algunos como el profesor Castilla del Pino, al que me veo obligado a señalar siempre que existen motivaciones psicológicas que se evidencian llega a preguntarse en Teoría de los sentimientos ¿Por qué existe el odio? Y llega a la conclusión, ante todo, que el odio en realidad ha sido un poderoso motor de la historia tanto como en su día pregonó Marx referente a la lucha de clases; y cuando el deterioro de la calidad y la incapacidad de alcanzar consensos hace que en la política además si se fusiona con el discurso del odio los resultados suelen ser altamente dramáticos.
Siguiendo con la génesis de este sentimiento, el odio es un sentimiento patológico, la difamación, la calumnia, la critica malévola son formas de actuación que cuando es tan intenso se destruye así mismo. Por lo que asistimos a una nueva racionalidad en la que ya no existen fines sino medios, y lo peor es que el odio que aparece de manera espontánea, pero también se aprende a odiar y odiando como se nos enseña se lleva a cabo un aprendizaje sentimental emocional que pasa a ser una parte del rito iniciático de incorporación a un grupo sintiendo los mismos efectos de amor y de odio que aquellos con los que se trata de formar dicho grupo máxime aun el que lo representa le induce a que adopte la misma actitud.
Es de esperar y desear que este posible sistema de odiocracia tenga el tiempo contado y solo sea flor de un día y no tengamos que rememorar los poemas las flores del mal de Charles Baudelaire.
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