Opinión | Retiro lo escrito

Conciertos y desconciertos

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, el pasado 30 de mayo en el Congreso de los Diputados.

Pedro Sánchez y María Jesús Montero, el pasado 30 de mayo en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca

En realidad el compromiso de una financiación singular para la Generalitat de Cataluña quedó escrito, negro sobre blanco, en el acuerdo entre el PSOE y Esquerra Republicana para investir a Pedro Sánchez presidente del Gobierno. Ese punto en concreto se extiende página y media y especifica una disminución sustancial de la deuda catalana con el Estado (unos 5.000 millones de euros para empezar) y el desarrollo de un nuevo modelo de financiación que será definido entre el Gobierno y ERC y que culminará con la plena gestión por parte de las autoridades catalanas de la recaudación fiscal. En efecto, se parece mucho al chiringuito de los vascos, incluido el cupo. Es perfectamente imposible porque el Estado español, para mantener su cohesión, no puede renunciar a recaudar en tres comunidades autonómicas que suman cerca de un 30% del PIB español: Cataluña, País Vasco y Navarra. Se podrían perder unos 25.000 millones de euros en ingresos tributarios.

Y, por supuesto, Canarias sería de las comunidades más perjudicadas. Estamos entre las cinco comunidades peor financiadas. Cantabria recibe 3.583 euros por habitante. Galicia 3.014. Madrid 2.931 y Cataluña 2.910. El pelotón de cola lo integran Canarias, Valencia y Murcia, las tres con 2.765 euros por habitante. Si se sustraen esos 25.000 millones podemos perder más de 500 euros por habitante y año. Y, sin embargo, Pedro Sánchez, que debía saber perfectamente que ese compromiso no podía ser cumplido – ni constitucional, ni legal, ni operativamente es posible – lo firmó tranquilamente para garantizarse cuatro años más en el Palacio de la Moncloa. Eso ocurrió, si no recuerdo mal, a finales de octubre del año pasado y nadie le dio demasiada importancia, aunque Oriol Junqueras agitó mucho el papelito, lo agitó como una estelada, para convencer a sus correligionarios que le había extraído a Sánchez un diamante que, por sí solo, valía por toda una investidura. Ahora, para investir a Salvador Illa, el presidente Sánchez les promete de nuevo a los independentistas catalanes lo del concierto económico, pero lo hace bajo el eufemismo de financiación singular. Es tal el desquicie en el que estamos instalados que las tres cuartas partes del PSOE se ha lanzado furibundamente contra la mera idea de un concierto económico catalán, cuando fue eso y no otra cosa lo que ofreció su secretario general hace nueve meses. Sánchez se reserva un nuevo movimiento que escondió como un matiz en sus declaraciones en La Vanguardia. Hay margen, dijo. Probablemente si este disparate prospera sería algo más prosaico, y a eso se refería el presidente: más pasta en el reparto comunitario para Cataluña, en forma de transferencias o de inversiones directas del Estado, y una quita de la deuda de 8.000 millones en vez de 5.000. Lo que ocurre es que no tiene trazas de prosperar. El largo reinado de Junqueras al frente de ERC agoniza y los que piden una nueva dirección y una estrategia remozada – en su mayoría, curiosamente, igual de responsables de la situación actual del partido que el propio Junqueras – no está por votar a Illa y se inclinan por el vértigo de unas nuevas elecciones generales, que supondrían un nuevo paréntesis legislativo y una paralización del proyecto de presupuestos generales del Estado para 2025. Al final, como es obvio, no será el PP ni Vox quienes derriben a Sánchez, sino ERC, Junts per Catalunya, el PNV y Podemos. El presidente será destruido por aquellos que lo alzaron al poder.

Con toda su improbabilidad los canarios deben advertir al Gobierno central (y el PSOE) que no tolerarán modificaciones del modelo de financiación autonómica que los empobrezcan o que introduzcan de nuevo como parte de lo que nos debe el Estado beneficios que protege el REF. Eso sí merece un recurso de inconstitucionalidad. Desconfío de empresarios, sindicatos o universidades. Guardarán un silencio somnoliento de la misma forma que los socialistas callarán servilmente frente a Madrid.

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