Opinión | EL RECORTE

Entre tiburones

La consejera de Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias ha dicho que estamos en una “situación de guerra” y casi la echan a esos tiburones que han venido de visita. El asunto de los menores migrantes no lo resuelve nadie porque da la impresión que no despierta el suficiente interés de nadie

La salvamar Alpheratz rescata en la costa de Tenerife un cayuco con 91 personas a bordo, entre los 30 menores.

La salvamar Alpheratz rescata en la costa de Tenerife un cayuco con 91 personas a bordo, entre los 30 menores. / EFE

Solo los periodistas que han cubierto durante muchos años la actividad del Parlamento mantienen la calma cuando en una playa alguien grita !!!tiburón!!! No los verán ustedes salir corriendo del agua, espantados ante un escualo. Todo lo más mirarán la aleta para saber de qué tamaño es el bicho. Alguien que ha visto nadar ministros, ministras y ministres de dientes afilados como un gran blanco tiene el cuerpo hecho a los sustos.

Los cubanos, habitantes involuntarios de ese glorioso paraíso de libertades comunistas en donde hace medio siglo que no hay elecciones ni comida, hacen chistes sobre los tiburones del Caribe. Humor, en muchos casos, doblemente negro. Acostumbrados a escapar de la isla flotando en precarios artilugios fabricados con neumáticos de camión, tablas y bidones, se han convertido demasiadas veces en presas para esos depredadores marinos. Acaso sea aventurado pensar que más que por el aumento de las temperaturas marinas la presencia de tiburones en nuestras aguas sea porque nos hayamos transformado nosotros también en una ruta de la muerte. Pero el hecho es que hay más de cinco mil personas, que se sepa, que ya han muerto en el mar intentando llegar a Canarias.

Llevamos una eternidad escuchando decir que el Gobierno de España está discutiendo con las autoridades canarias la redistribución de menores migrantes no acompañados. Por el tiempo que llevan reuniéndose parece que están resolviendo una difícil conjetura matemática. Pero no es así. Se trata de que el Gobierno de un país cuyas fronteras están siendo atravesadas de forma ilegal o irregular —táchese lo que no guste— asuma los costos del mantenimiento de las personas que han llegado, distribuya la carga de su atención de una manera racional y equitativa y practique una política humanitaria.

La consejera de Asuntos Sociales ha dicho que estamos en una “situación de guerra” y casi la echan a esos tiburones que han venido de visita. Esas cosas no se pueden decir. ¡Quita por dios! Oscar Puente habría dicho que se están portando con nosotros como un saco de mierda. Pero es que los ministros tienen más finura. Los meses siguen pasando y el asunto de los niños no lo resuelve nadie porque da la impresión que no despierta el suficiente interés de nadie. No tenemos un exiliado capaz de urgir la aprobación de una ley a uña de caballo. Las cosas del poder tienen más urgencias que las cosas del deber.

De aquí a finales de este año van a llegar muchos menos tiburones que pateras. Canarias tiene ya ampliamente desbordada su capacidad de atención a los menores y a partir de ahora se plantea atenderles en carpas, como en los peores tiempos de las peores oleadas. Tal vez sea hora de pedirle al Gobierno que ya que no abre sus cuarteles para albergar a las personas migrantes nos manden los barcos que llevaron a Barcelona para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Los “piolines” siempre serán mejor que unas lonas infumables. Pero no harán nada. Porque los verdaderos tiburones no son los que nadan en nuestras costas enseñando la aleta sino los que vienen tan diligentemente de visita a los volcanes y nos ignoran tanto en la necesidad.

Suscríbete para seguir leyendo