Opinión | Retiro lo escrito

El futuro de NC

Nueva Canarias es un proyecto político que se articuló básicamente sobre los alcaldes, concejales y votantes de los municipios grancanarios a través de un sumatorio de alianzas con plataformas electorales, como Roque Aguayro, que gobierna en Agüimes desde principios de los ochenta

Valoración de Nueva Canarias-Sumar de los resultados de las Elecciones Europeas 9J

Valoración de Nueva Canarias-Sumar de los resultados de las Elecciones Europeas 9J / Juan Carlos Castro / LPR

En la disputa intestina de Nueva Canarias la cosa está mal para Román Rodríguez después de casi veinte años de liderazgo incontestado, por la sencilla razón de que sus críticos – aquellos que estiman que debe retirarse definitivamente – son en su gran mayoría los que tienen los votos, es decir, los alcaldes. Nueva Canarias es un proyecto político que se articuló básicamente sobre los alcaldes, concejales y votantes de los municipios grancanarios a través de un sumatorio de alianzas con plataformas electorales, como Roque Aguayro, que gobierna en Agüimes desde principios de los ochenta. El año pasado NC demostró que su salud electoral no era desbordante, pero sí sólida. Todo el mundo daba por perdido Telde, y así ocurrió, y ocurrió así porque Carmen Hernández es tan buena mitinera como mediocre alcaldesa.

Pero el universo NC-Bloque Canarista consiguió mayoría absoluta en Gáldar Agüimes y Tejera y siguieron siendo primera fuerza en Santa Lucia de Tirajana y en Firgas, y con varias alianzas alcanzas mayoría en Ingenio y en Teror. También demostró su fortaleza en las urnas en La Aldea y en Agaete, donde irrumpió con cuatro concejales. Por último Antonio Morales consiguió un tercer mandato al frente del Cabildo de Gran Canaria apoyado por el PSOE y Pedro Quevedo ha logrado continuar en el gobierno municipal de Las Palmas. Aunque pinte entre casi nada y muy poco.

Contra lo que se piensa fuera de la política grancanaria, Román Rodríguez no tiene, pero tampoco ha pretendido ejercer nunca, una capacidad decisoria en los gobiernos municipales controlados por quienes en sentido estricto no son correligionarios suyos, sino sus socios político-electorales. Sin ellos – sin esa miriada de plataformas y micropartidos locales, también en Fuerteventura – Nueva Canarias es, prácticamente, un cascarón organizativo. Por eso mismo Rodríguez y su equipo más próximo ha mantenido un respeto irrestricto a la autonomía de sus compañeros alcaldes. Rodríguez, incluso, y salvo en ocasiones muy señaladas, ha evitado presumir de la gestión en los ayuntamientos donde ganan los suyos, para no restarles un átomo de protagonismo. Antes ya se habían producido conversaciones, movimientos, contactos a varios niveles.

Pero lo definitivo, lo que impulsa la disidencia, ocurre cuando Román Rodríguez no consigue escaño en las autonómicas del pasado año. Aunque resulta arropado inmediatamente por sus compañeros – Luis Campos, Esther González, Carmen Hernández entre otros varios – y se muestra ufano en la derrota (“no se preocupen que hay plan B, plan C y hasta plan C”) su delicado liderazgo sobre una decena de siglas queda debilitado. Y esa debilidad se suma al agotamiento de un discurso y una praxis política que varios de los alcaldes de más peso ya deploran: el asegundamiento al PSOE y la cerrazón a cualquier posibilidad de acuerdo con CC que pudiera llevar a una confluencia no partidista, pero sí electoral.

Porque un grupo de alcaldes y tientes de alcalde, con Teodoro Sosa a la cabeza, creen que solo con un pacto con Coalición Canaria pueden a) Optar a un liderazgo mayoritario en Gran Canaria, b) Fortalecer una federación nacionalista – integrada por CC, NC, plataformas y agrupaciones de ambas provincias -- que proporcione una amplia mayoría autonómica y c) Apartar de una vez, especialmente de las lista a la Cámara regional pero también de la candidatura al Cabildo, de romanistas que no serán jamás jubilados o jubiladas si no lo es previamente el mismo Román Rodríguez.

Luis Campos – que intenta mantener, al menos exteriormente, una actitud no beligerante – ha dicho a los disidentes que planteen sus críticas y propuestas en el comité ejecutivo de NC. Pero a quien debe dirigirse es a Román Rodríguez. Pese a sus errores, testarudeces y manías narcisistas, Rodríguez no se merece un mal final como dirigente político. Fue un gran creador y director del Servicio Canario de Salud y un buen presidente y debería abrir, personal y elegantemente, una nueva etapa en Nueva Canarias.

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