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Opinión

Lázaro R. Carrillo Guerrero

A ver qué pasa

El líder del PVV, Geert Wilders, se toma un selfie con los diputados de su grupo durante la constitución del Parlamento neerlandés, este miércoles.

El líder del PVV, Geert Wilders, se toma un selfie con los diputados de su grupo durante la constitución del Parlamento neerlandés, este miércoles. / EFE

La moderación, no ya como virtud sino por necesidad o por estrategia, da su fruto y este es el caso de las elecciones en Holanda. Donde Wilders (60 años, popularmente con el apelativo de Mozart por su parecido) y su Partido por la Libertad (PVV), populista y de extrema derecha, obtienen, en este pasado 22 de noviembre, el mayor número de votos. Sus 37 escaños le ofrecen la posibilidad de formar Gobierno en coalición. Estando en 76 escaños la mayoría absoluta.

Lo más significativo no solo es la distancia con los 25 escaños de los socialdemócratas y los 24 del centro derecha liberal, sino que sus 37 escaños acaban con los 13 años de gobierno de derechas de Rutte, quien abandona la política. Sin embargo, más significativo aún ha sido la estrategia de desdemonización mediante la moderación del discurso. En él, Mozart manifiesta su intención de gobernar para todos los ciudadanos sea cual fuere su religión, origen o sexo.

Está claro que en el escenario político que tenemos, y a seis meses vista de las elecciones al Parlamento europeo, moderación es lo que nos hace falta y ambigüedades son las que nos sobran. Igual que no hay duda alguna que cada partido extremista es diferente de acuerdo a la cultura política donde opera. En nuestro país, el último escrutinio nacional lo ha dejado claro: los extremos pierden y el centro gana. La moderación gana, y en el caso de Vox la pérdida va del 15% al 12%.

Necesitamos a la claridad como virtud, ofreciéndonos confianza en la acción política. Por ello «hagamos de la necesidad claridad». Pues ese porcentaje alto (alrededor de un 40%) de votantes del PSOE oponiéndose a la amnistía procede de la ambigüedad variable que les motiva a desconfiar de la acción parlamentaria del grupo socialista. Además, la personalidad de Sánchez (de 51 años), dispuesta a arriesgar, alcanzando siempre el éxito, esta vez se enfrenta a su apuesta más audaz. Sus carcajadas en el Congreso desquitándose de Feijoo (de 62 años), aunque no apropiadas, sí que han resonado como la metáfora de su perseverancia frente a los desafíos. Y para ello, además, aparece su segundo y nuevo libro, Tierra firme.

El conflicto de dividir profundamente a la sociedad española con la ayuda de la narrativa radical independentista y bajo la justificación, y propuesta en 23 páginas, de una ley de amnistía que garantiza ser controvertida impulsa hacia el horizonte un paisaje político peligroso. En el que se integran altas dosis de tensión y tirantez por las posiciones enfrentadas que vayan brotando en el mismo Gobierno de coalición, con respecto a sus propios socios y a la oposición.

Con todo este equipaje, la estabilidad económica adquiere aún más sensibilidad frente al nuevo equipo de gobierno formado. Por la condonación de la deuda a Cataluña y su balance con el resto de autonomías y ello a su vez con las exigencias y acuerdos económicos separatistas. Por reformas como la financiación autonómica, la fiscal o la energética. Por la desaceleración del crecimiento económico.

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